NEGOCIOS LOCALES
El último baile de los zapateros remendones ourensanos
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Oficios que en Ourense hace veinte años formaban parte importante del tejido económico de la ciudad, hoy ocupan unos márgenes muy cercanos a la extinción. Es el caso de los zapateros, profesionales de la reparación por cuyas manos pasaban en muchas ocasiones zapatos de generaciones enteras, de abuelos a nietos.
Hoy solo perviven nueve talleres dedicados a la reparación de calzado, frente a los 54 comercios que se dedicana la venta de calzado en la ciudad. Según sondeos realizados a pie de calle, el 85% de los clientes de los zapateros son personas mayores de 65 años. Este dato no es casual, sino que responde a una herencia cultural donde el calzado era concebido como un bien duradero y una inversión a largo plazo.
No obstante, esta dependencia genera una vulnerabilidad sistémica: la supervivencia del negocio está atada a la longevidad de su clientela. A medida que la cohorte de población de mayor edad disminuye por causas naturales, el mercado potencial de estos artesanos se contrae de forma irreversible, ya que las generaciones más jóvenes han sido educadas en la dinámica del “usar y tirar”. Este factor es crucial para los zapateros remendones, ya que las necesidades de reparación de calzado femenino (tapas de tacones, ajustes de horma en calzado de vestir) suelen ser más recurrentes que las del calzado masculino, aunque a menudo de menor cuantía por intervención.
Juan Manuel Somastre, que tiene su local desde hace 40 años en la Rúa Xosé Ramón Fernández Oxea, nos dice al respecto: “El oficio está desapareciendo. Pues a la vuelta de, creo yo, ocho, diez años como mucho, no va a quedar nadie. Es una situación muy complicada porque un par de zapatos que cueste 20 o 30 euros, más o menos eso cuesta una reparación, y justo ese es el punto crítico que atraviesa ese tipo de negocio, porque es una cuestión lógica, nadie va a reparar un par de zapatos por casi lo mismo que le costó”.
“Quienes mantienen el negocio son prácticamente las señoras, yo diría que un 85%, estimando por observación que la media debe tener más de 60 años. Vienen por lo general a cambiar alguna suela o chapa de zapato antiguo. Y esto viene en juego con que el zapato de señora suele durar mucho menos, al ser más fino se deterioran con mayor facilidad. Zapatos de caballeros son muy pocos los encargos que suelo recibir, y de forma general resalto el hecho de que esto en verano baja mucho, sobre un 70%”, comenta Antonio Blanco, cuyo local, A Bota, está ubicado en el número 9 de Galerías Viacambre.
La supervivencia de los zapateros de Ourense se enfrenta a un enemigo macroeconómico: la aceleración del ciclo de vida del producto impuesta por el “fast fashion”. Este modelo de negocio, liderado por grandes plataformas, se basa en la deslocalización de la producción a países con costes laborales mínimos, donde las normas sociales y ambientales son laxas. Esta dinámica ha inundado el mercado español de productos que son, por su propia naturaleza, “antirreparación”.
Los zapateros se ven entonces obligados a diversificar sus servicios para aumentar su margen de flotación comercial, reparando mochilas, carteras y cinturones con tal de compensar los ingresos proporcionados por una clientela fiel, pero exigua. Muchos de ellos sobreviven gracias al duplicado de llaves, y el afilado de cuchillos y tijeras.
La tendencia del sector es a precarizarse si se analiza que un punto crítico es la ausencia de relevo. Por otro lado, la situación presenta una complejidad adicional: según el Instituto Galego de Estadística, (IGE) uno de cada tres ourensanos superará los 65 años en 2039, pero esos nuevos mayores (la actual generación de 50 años) no tendrán los mismos hábitos que los actuales.
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