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VUELTA AL COLE
El inicio del nuevo curso escolar en la provincia de Ourense deja una huella profunda en las etapas más tempranas del sistema educativo. Lejos del tópico que asocia la pérdida de alumnos exclusivamente al despoblamiento de las aldeas, la caída en las aulas es hoy un fenómeno eminentemente urbano. En líneas generales para el curso 26/27, que arrancará esta semana, están matriculados 29.313 alumnos, 485 alumnos menos que el curso pasado.
A pesar de que la población general de Ourense se encuentra en crecimiento, no se da dicha tendencia en edades tempranas, ya que la Educación Infantil y la Primaria marcan este mes de septiembre sus peores registros, arrastradas por un desplome continuado en el núcleo urbano de la capital, que absorbe casi por sí solo el descenso global de toda la provincia.
Si se analiza las estimaciones para este curso 2026/27 con respecto al anterior, la especialidad que pierde más alumnos en proporción a su tamaño es la Educación Infantil, que cede más de un 2% de su censo. Desciende en casi un centenar de niños, bajando de la barrera de los 4.500 alumnos. Le sigue muy de cerca la Educación Primaria, aunque anota el mayor golpe en números absolutos al perder unos 250 escolares, encontrándose al límite de los 12.000.
El retroceso también alcanza a los ciclos superiores. El Bachillerato pierde también cerca de un 2% de sus estudiantes (se queda en menos de 3.200) y la ESO mengua un 0,86 %, bajando de los 9.500. La etapa de educación secundaria sí que sube con respecto a hace una década, subiendo desde el curso 16/17 en más de 1.100 alumnos.
La única excepción a esta tónica general de caída es la Educación Especial, que experimenta un incremento del 3,97 % y alcanza los 131 matriculados.
A pesar de la contundencia de esta radiografía inicial, el análisis exige prudencia ante las primeras estimaciones de la Xunta. Históricamente, las cifras de septiembre tienden a aumentar con los resultados definitivos. Las matriculaciones extraordinarias, los alumnos rezagados y los movimientos migratorios de última hora suelen engordar los listados definitivos.
El curso 2025/26 lo ejemplifica a la perfección. Hace exactamente un año, las proyecciones municipales iniciales auguraban un censo total de 29.464 escolares. Sin embargo, cuando el Ministerio de Educación cerró las estadísticas de avance meses después, la cifra real se había elevado hasta los 29.796 alumnos. El sistema fue capaz de absorber a 332 estudiantes imprevistos, un balón de oxígeno que benefició principalmente a la ESO, que sumó más de 200 alumnos extra sobre la previsión, y a Primaria.
El impactante vaciado en Infantil tiene una explicación directa en la curva de nacimientos. Los niños que ingresan este curso nacieron en el año 2023, un ejercicio a la baja que cerró con apenas 1.339 nacimientos en la provincia. Sin embargo, el escenario a corto plazo es todavía más complejo, ya que la generación de 2024 marcó el peor registro de la serie histórica del INE con tan solo 1.265 nacimientos, lo que inevitablemente augura cifras todavía más preocupantes para las aulas de tres años en el próximo curso.
El salvavidas llega del exterior, ya que Ourense es la tercera provincia de España con más niños de entre 0 y 4 años nacidos en el extranjero en proporción. Con más de 500 pequeños, que suponen el 7,12% del total en esa franja de edad, a Ourense solo la superan Alicante y Castellón.
Frente al agudo descenso de la ciudad, que asume un retroceso de unos 135 estudiantes respecto a sus propias previsiones del año anterior, el interior provincial dibuja un inusual dique de contención.
Casi una treintena de concellos logran esquivar esta tendencia generalizada a la baja. Municipios como Maside o villas como O Carballiño y Maceda suman en torno a una veintena de niños cada uno. En paralelo, enclaves como Ramirás, Cualedro o Punxín consiguen incrementos vitales para mantener abiertos sus colegios, pequeñas victorias locales que resultan esenciales para vertebrar los servicios en el territorio. También destaca el curioso caso de Entrimo, que duplica sus alumnos de Educación Infantil, pasando de tres a seis niños.
Este tipo de centros se alejan así del peligroso limbo, que ya se llevó por delante la Escuela Infantil de Taboadela, que tras salvarse en el pasado curso con solo cinco alumnos, desaparece este año de la red pública al no alcanzar esa cifra, que es límite.
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