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Tras enfrentarse a informes técnicos desfavorables y a la amenaza de un aplazamiento profundo que habría obligado a reiniciar el expediente desde cero, la diplomacia española consiguió articular in extremis una solución de compromiso: la devolución técnica (referral).
Esta decisión evita el archivo del proyecto y otorga un plazo exacto de doce meses para reformular a fondo el documento antes de lograr la ansiada declaración internacional.
El embajador de España ante la Unesco, Miquel Iceta, se apresuró a celebrar el resultado nada más concluir la votación, calificándolo de "buenas noticias".
Iceta destacó el triunfo político y diplomático que supone este balón de oxígeno, subrayando que el Comité "ha rechazado el informe del órgano asesor y otorga un año a la Ribeira Sacra para perfeccionar su candidatura".
Para conseguir este año extra, el tenso debate vivido en el plenario se convirtió en una compleja partida de ajedrez diplomático que obligó a los países miembros a posicionarse en distintos frentes, forzando incluso retiradas estratégicas.
En un primer momento, Perú, Tanzania y Ucrania presentaron una enmienda que solicitaba la inscripción directa. Sin embargo, al constatar tras el receso de la comida que no lograrían la mayoría necesaria frente al bloque más crítico, decidieron retirar esa propuesta inicial para apostar por una segunda enmienda mucho más pragmática orientada a la devolución técnica.
Esta segunda vía de consenso logró salir adelante gracias al apoyo de un bloque mayoritario de quince naciones que firmaron la propuesta: Perú, Tanzania, Ucrania, Polonia, Mongolia, Kenia, Kuwait, Senegal, Granada, Armenia, República de Corea, Togo, Vietnam, Líbano y Bangladesh.
No obstante, el apoyo de este frente incluyó matices cruciales. Delegaciones como las de Líbano y Mongolia especificaron que se sumaban al acuerdo "más por tener un consenso que por convencimiento". De hecho, fue la delegación libanesa la encargada de verbalizar el recelo que sobrevolaba la sala, advirtiendo de los riesgos de un cierre en falso al finalizar este año de prórroga: "Tenemos miedo de que en un año nos volvamos a ver con la misma situación, que la actual candidatura se presente con un informe en contra y lleguemos a un bloqueo entre el Icomos y los países miembros".
En el extremo opuesto se situó el bloque de la línea dura, encabezado de forma inflexible por Suiza y Chequia. Estos dos países apostaban abiertamente por el aplazamiento profundo (deferral), argumentando que se debían acatar los informes negativos de los expertos y presentar una candidatura prácticamente nueva.
Al constatar que quince países respaldaban la vía suave, los representantes suizos y checos renunciaron a entorpecer la votación, pero exigieron disociarse formalmente del acuerdo para que su rechazo constase en acta.
La representación checa, no obstante, quiso aclarar ante la asamblea el motivo exacto de su postura: "No cuestionamos el paisaje excepcional de la Ribeira Sacra, que lo hay, pero la candidatura no la compartimos".
El debate también contó con intervenciones centradas en el purismo reglamentario.
Turquía introdujo una nota de cautela al advertir de que una devolución técnica exige aportar más información, pero no justifica el envío automático de misiones sobre el terreno, preguntándose abiertamente si se estaban forzando las normas del Comité. Las dudas turcas fueron aplacadas de inmediato por la Secretaría de la Unesco y por Perú, quienes aclararon que la misión propuesta era estrictamente de asesoría y no de evaluación, respetando así la legalidad del procedimiento.
la Unesco devuelve la candidatura para que España reformule el dossier, justifique con mayor solidez la coherencia del paisaje y complete el inventario del patrimonio hidráulico.
Finalmente, para apaciguar los temores del Líbano y satisfacer las exigencias de rigor para los próximos doce meses, el texto aprobado incluyó un mandato claro: la Unesco devuelve la candidatura para que España reformule el dossier, justifique con mayor solidez la coherencia del paisaje y complete el inventario del patrimonio hidráulico. Para garantizar el éxito en este año de trabajo, se exige al Estado español que invite formalmente a una misión de asesoría.
Fue entonces, justo al cierre del debate, cuando la propia representante de Icomos tomó la palabra para celebrar la medida y confirmar su disposición a viajar a Galicia: "No pensaba que me correspondía intervenir, pero estamos dispuestos a colaborar con España de manera constructiva como ya hemos hecho. Nos lo han pedido muchos miembros, ya hubo precedentes de misión de asesoría y estamos dispuestos si España nos invita. Es la manera más efectiva de conseguir hacer avanzar esta candidatura y acogemos este mecanismo con satisfacción".
Con estas palabras se cerraba una sesión agónica que otorga a la Ribeira Sacra un año exacto de tiempo extra, aliando a las autoridades gallegas con las expertas internacionales para encauzar, de forma definitiva, el tramo final hacia la declaración.
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