Los antioxidantes y el envejecimiento: ni son milagrosos, ni eternos

VIDA SANA

Una alimentación variada y el correcto descanso fortalecen la salud celular y ayudar durante el envejecimiento celular

María Piñón Vila en su clínica.
María Piñón Vila en su clínica. | Europa Press

A nivel microscópico, nuestro cuerpo libra una batalla diaria y silenciosa contra el tiempo. Cada vez que respiramos, caminamos o digerimos alimentos, nuestras células producen energía, pero también generan un residuo inevitable: los radicales libres, responsables del envejecimiento celular, un proceso natural que la ciencia moderna busca ralentizar.

Imaginemos una manzana cortada por la mitad que se vuelve marrón al contacto con el aire. Algo muy similar ocurre dentro de nuestros órganos. Cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del cuerpo para neutralizarlos, se produce el llamado estrés oxidativo, uno de los motores del envejecimiento prematuro y el origen de enfermedades como el alzheimer, la diabetes o problemas cardiovasculares. Los antioxidantes son compuestos químicos que el cuerpo utiliza para defenderse y frenar la reacción en cadena que destruye los tejidos. Aunque nuestro organismo produce algunos antioxidantes de forma natural, la mayor fuente de protección proviene de lo que consumimos.

“El envejecimiento es un proceso biológico inevitable y muy complejo, por lo que ninguna alimentación puede detenerlo. Además, sería demasiado simplista reducir el envejecimiento únicamente al estrés oxidativo, por eso prefiero hablar de favorecer un envejecimiento saludable más que de frenarlo”, declara María Piñón Vila, farmacéutica y dietista-nutricionista con experiencia en nutrición clínica y salud pública. María es fundadora y directora de +quekcalorías Nutrición y Salud, en Ourense, donde desarrolla su actividad profesional con un enfoque personalizado y basado en la evidencia científica. “No existe alimento ni nutriente capaz de detener el reloj biológico”, añade.

Piñón Vila considera interesantes para incorporar a un patrón alimentario global no solo los frutos rojos, también el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, especialmente nueces, almendras o avellanas, verduras de hoja verde como brócoli, coles, espinacas o acelgas, el tomate, y otras hortalizas de colores vivos, como pimiento rojo, zanahoria o calabaza. “Uno de los mensajes es el de comer muchos colores”, aclara.

Durante años, el mercado ha promocionado los suplementos de antioxidantes en cápsulas como si fueran una auténtica fuente de juventud, sin embargo, la comunidad médica actual se muestra cautelosa. Diversos estudios clínicos revelan que aislados y en altas dosis artificiales pueden tener un efecto contrario (pro-oxidante). La verdadera magia ocurre en la sinergia de los alimentos enteros, donde las vitaminas, la fibra y los minerales trabajan juntos. No existe una pastilla milagrosa que reemplace el impacto de un plato variado.

Cuestión de hábitos

Frenar el envejecimiento celular no requiere de tratamientos costosos, sino de hacer también un repaso de nuestros hábitos y prácticas diarias. “No podemos decir que ‘cocinar destruye los antioxidantes’. Cocinar también rompe las estructuras celulares de algunos vegetales y puede hacer que determinados compuestos sean más accesibles. Un tomate cocinado con aceite de oliva, por ejemplo, no es nutricionalmente peor que uno crudo”, explica.

La ciencia ha demostrado que envejecer es inevitable, pero la velocidad y la calidad está en nuestras manos. Probablemente buscar la pócima de la eterna juventud nos distraiga de aquello que realmente funciona. “La evidencia apunta mucho más hacia los hábitos mantenidos durante años: comer alimentos vegetales y poco procesados, evitar el tabaco, minimizar el alcohol, hacer ejercicio y cuidar el descanso. Lo que hacemos cada día importa mucho más que cualquier alimento o suplemento de moda”, concluye María Piñón Vila.

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