La IA deja atrás la pasividad y empieza a tomar decisiones

EVOLUCIÓN TECNOLÓGICA

Los nuevos sistemas autónomos revolucionan las relaciones entre los humanos y las máquinas

Varias aplicaciones de IA en la pantalla de un smartphone.
Varias aplicaciones de IA en la pantalla de un smartphone.

La inteligencia artificial agéntica se perfila como la próxima gran evolución tecnológica: un escenario en el que la IA dejará de limitarse a responder instrucciones para empezar a actuar de forma autónoma y proactiva. Un cambio que promete transformar la relación entre humanos y máquinas y que, según los expertos, obligará a las empresas a replantear procesos, estructuras y modelos de gobernanza.

Este es el panorama que plantea Josep Hilari, director de Marketing e Innovación Digital de Ingram Micro Iberia, que ve a las grandes compañías tecnológicas avanzando en esta dirección. Un ejemplo es Microsoft, que ha integrado Copilot en buena parte de sus servicios y le ha otorgado capacidades para ejecutar acciones directamente por el usuario. Sus agentes pueden gestionar correos electrónicos, coordinar reuniones o automatizar flujos de trabajo, acercando la idea de sistemas capaces de tomar decisiones operativas de manera autónoma.

Hilari considera que este cambio supone un punto de inflexión en la evolución de la inteligencia artificial. “Ya sabíamos que la IA había llegado para cambiarlo todo, pero ahora está a punto de dejar de ser una herramienta reactiva al servicio de un usuario proactivo para transformarse en una herramienta proactiva al servicio del usuario”, afirmó. A su juicio, este salto “supone un replanteamiento absoluto de la forma en que nos relacionamos humanos y máquinas”.

Ciberseguridad

Aunque la IA agéntica todavía se encuentra en fase de desarrollo, sus aplicaciones empiezan a definirse con claridad. Uno de los ámbitos donde se prevé un mayor impacto es la ciberseguridad. Gracias a su capacidad para monitorizar infraestructuras, analizar comportamientos y actuar sin intervención humana, estos agentes podrían convertirse en una herramienta clave para desarrollar modelos de seguridad más proactivos.

Un sistema de este tipo, por ejemplo, podría detectar un correo sospechoso, verificar si ha llegado a otros empleados, bloquearlo automáticamente y alertar tanto a los responsables de seguridad como a los potenciales afectados, todo ello sin necesidad de intervención humana.

La expansión de la IA agéntica obligará también a redefinir el papel de los empleados dentro de las organizaciones. El humano pasará a desempeñar una función de supervisión y coordinación frente a sistemas capaces de ejecutar tareas complejas de forma autónoma.

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