HASTA 21 TEMBLORES
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HASTA 21 TEMBLORES
El terremoto de magnitud 4,2 registrado en la noche del jueves, con epicentro en el municipio leonés de Benuza, fue percibido desde buena parte del territorio gallego, asturiano o del norte portugués, en comarcas muy lejanas del epicentro. Fue un seísmo que propició que en la comarca de Valdeorras hubiese quien se echó a la calle temiendo una catástrofe, pero no fue el único, pues lo siguieron otros 21 temblores, ya con valores de entre 2 y 2,4, localizados todos ellos en la vecina comarca berciana. Tanto el primero como los siguientes fueron atribuidos a un proceso de reajuste de esfuerzos en las rocas.
La explicación partió del investigador de la Universidad de León Javier Fernández Lozano, quien explicó que las réplicas del seísmo no son un eco del primero, sino “nuevos terremotos asociados a la evolución de la zona que ha sufrido la ruptura”, todos ellos pertenecientes al citado proceso de reajuste. “Cuando una falla se desplaza durante un terremoto, cambia la distribución de los esfuerzos en las rocas de su entorno. Esta redistribución puede favorecer nuevos movimientos en otros planos de falla, reactivar fracturas que ya existían o generar otras nuevas, tanto cerca de la estructura que ha producido el primer seísmo como en zonas próximas”, dijo.
El profesor Javier Fernández Lozano pertenece al grupo de investigación Geoinca, del Campus de Ponferrada. Explicó que estos movimientos son una respuesta de la corteza terrestre a la ruptura inicial, y su evolución depende de las condiciones geológicas y la redistribución de los esfuerzos.
El investigador apuntó que las condiciones geológicas locales pueden intensificar y prolongar las vibraciones, como sucede con ciertos depósitos sedimentarios y materiales poco consolidados de las cuencas del Duero y del Bierzo. “La amplificación asociada a las características del terreno es uno de los factores que pueden intervenir”, apuntó, para añadir que esta circunstancia debe valorarse con el resto de condiciones de la propagación de las ondas sísmicas.
Si bien el noroeste peninsular está alejado de los principales límites activos entre placas tectónicas, sí presenta actividad sísmica intraplaca, pues algunas estructuras geológicas antiguas pueden volver a desplazarse. Así, en el entorno de los Montes Aquilianos hay cabalgamientos que podrían guardar relación con la secuencia sísmica registrada.
Ya respecto a su evolución, Fernández Lozano apuntó que tras un terremoto de la citada magnitud, los movimientos posteriores suelen ser menos frecuentes con el paso del tiempo y añadió que la aparición de réplicas no conlleva que vayan a producirse nuevos terremotos y con una magnitud mayor, lo cual no garantiza que estos no puedan registrarse.
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