Rosa García, en A Bouza tras las tormentas: “Grazas a que se taponou a ponte a aldea salvouse, agora o urxente é a luz”

NO HABÍA LUZ NI AGUA

Evacuaciones de emergencia, viviendas anegadas, muros derrumbados, animales muertos y familias que aún intentan asumir lo ocurrido marcan el día después de una riada que los vecinos de A Bouza y Pradocabalos califican como inédita.

Vecinos afectados de Pradocabalos, A Bouza y Pixeiros
Vecinos afectados de Pradocabalos, A Bouza y Pixeiros | La Región

La tormenta dejó un reguero de destrucción en Pradocabalos, A Bouza y Pixeiros, en Viana do Bolo, donde el agua inundó viviendas, arrasó garajes, derribó muros y obligó a intervenir a los servicios de emergencia. Los vecinos trabajan ahora para recuperar la normalidad entre el barro y los desperfectos, mientras crece la preocupación por las consecuencias de futuras lluvias y por el impacto que este episodio ha dejado en unas localidades que no recuerdan una situación similar.

Rosa García Diéguez llegó de urgencia desde A Gudiña a Pradocabalos cuando su madre avisó de que el agua “case estaba a chegar ás fiestras” y el pontón estaba colapsado: “Xa non se podía pasar”. Su madre, María Teresa Diéguez, con movilidad reducida, tuvo que ser evacuada en silla de ruedas por los servicios de emergencia mientras la vivienda empezaba a inundarse.

La riada fue tan brutal que Rosa lo resume con crudeza: “Grazas a que taponou a ponte non chegou á aldea”. Dentro, el agua lo destrozó todo desde abajo: “Rompeu toda a parte de abaixo”, dejando la casa inutilizada en minutos. Rosa vivió momentos de auténtico pánico, sobre todo por su madre, sin poder hacer nada mientras todo se desbordaba. Ahora solo pide lo básico: “O máis urxente é a luz” y que “limpen a rúa para que a miña nai poida volver”. La experiencia de Rosa refleja solo una parte de lo ocurrido.

Charo Fidalgo Tamerón, vecina de Pradocabalos: “Aos seus 90 anos, a miña nai non lembra un desbordamento así”

Charo Fidalgo, en Pradocabalos.
Charo Fidalgo, en Pradocabalos. | Lucía Otero

Recuerda lo ocurrido todavía con la imagen muy reciente, sobre todo pensando en su madre de 90 años, que le decía que nunca había visto el río así: “Miña nai non recorda nunca que o río se desbordara desta maneira”. Para ella, lo vivido fue algo que la superó por completo, sin acabar de entender cómo pudo pasar ni la rapidez con la que todo se desbordó: “Eu de verdade non sei como se chegou a isto”. Explica que tras el incendio del año pasado “olvidáronse de nós totalmente” y quedaron restos y troncos en el monte que no se retiraron, y cree que eso empeoró todo: “Se se limparan os troncos, isto non pasaba así”, insistiendo en que las tormentas han existido siempre pero nunca con este resultado. “Agora xa estamos inundados”.

Nerea Carballo y Pili García, vecinas de A Bouza: “Como vuelva a llover así este pueblo se va a quedar totalmente tapado”

Nerea Carballo y Pili García, vecinas de A Bouza.
Nerea Carballo y Pili García, vecinas de A Bouza. | Lucía Otero

Madre e hija relatan cómo la tormenta de ayer acabó desbordándolo todo en cuestión de minutos, con el agua entrando de forma repentina y dejando el pueblo completamente anegado. El miedo, dicen, fue constante, sobre todo por la incertidumbre de no saber dónde estaba la gente en medio del caos.

Lo que vino después lo describen como difícil de asimilar: “Animales muertos, coches estropeados, casas medio caídas, garajes deshechos”. Piden que los seguros se hagan cargo y que las instituciones gubernamentales intervengan porque no se puede vivir en esas casas ahora mismo. La gente “tendría que depender de la familia y tampoco hay dinero como para poder ir a un hotel”. Asegura que si vuelve una tormenta como esta, el pueblo quedará totalmente tapado.

Antonio Bocero, vecino de Pixeiros: “O xardín que acabei de renovar quedou completamente destrozado”

Antonio Bocero, vecino de Pixeiros.
Antonio Bocero, vecino de Pixeiros. | Lucía Otero

En Pixeiros, la tormenta también dejó daños importantes en varias viviendas, entre ellas la de Antonio Bocero, cordobés criado en Alemania y residente desde hace años en la zona. En su casa, el agua entró con tal intensidad que el garaje quedó completamente inundado con el coche dentro. Un coche que todavía “non me atrevo a abrir”. La puerta del propio garaje terminó cediendo y el nivel del agua alcanzó aproximadamente un metro.

El exterior tampoco se salvó: la lluvia arrastró objetos desde la finca y los desplazó hacia la parcela de abajo, dejando todo el entorno desordenado. Antonio explica entre lamentos que el jardín, que había sido renovado recientemente, quedó completamente destrozado por el temporal. Cuenta la situación con impotencia.

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