Los animales, víctimas silenciosas de las riadas en Viana: “Las gallinas han desaparecido junto con el jardín de la casa”

CABALLOS DESAPARECIDOS

Las riadas en Viana dejan un paisaje de devastación y animales desaparecidos mientras ganaderos buscan su rebaño entre el barro y los escombros.

Gallinas sepultadas tras las riadas en Viana, Ourense
Gallinas sepultadas tras las riadas en Viana, Ourense | Cristina Clavería

En medio del caos provocado por las violentas riadas que arrasaron varias aldeas del municipio de Viana, hay otras víctimas silenciosas que también sufren las consecuencias del desastre: los animales. Mientras vecinos y equipos de emergencia trataban de recuperar la normalidad tras horas de incertidumbre, la preocupación se extendía también a las explotaciones ganaderas de la zona.

Más de cinco horas después de que se produjeran las riadas y desprendimientos, una ganadera de la localidad de O Castro continuaba recorriendo montes y caminos en busca de varias cabezas de ganado desaparecidas. La fuerza de la corriente, acompañada por toneladas de agua, lodo y piedras que descendieron con enorme violencia por las laderas, sembró el pánico entre los animales.

Según explicaba la propietaria de la explotación de vacuno, el estruendo de la riada y la rapidez con la que avanzó el agua pudieron provocar que parte del rebaño huyera desorientado en busca de refugio.

Un gallinero sepultado

A escasos kilómetros de allí, en la aldea de Pixeiros, las consecuencias de la riada también son devastadoras. Un vecino contempla impotente cómo el gallinero que había construido y cuidado durante años ha quedado completamente sepultado bajo una inmensa masa de piedras, tierra y lodo arrastrada por la fuerza del agua.

“Las gallinas han desaparecido junto con el jardín de la casa. Las piedras golpeaban los muros de la vivienda con una fuerza impresionante. En cuestión de minutos se fue el trabajo de años”, relataba todavía conmocionado.

Donde antes había un espacio cuidado con esmero, ahora solo queda una superficie irreconocible cubierta por toneladas de material arrastrado desde las zonas más altas.

“Una de las primeras cosas en las que pensé después de salvarme de ser arrastrado por la corriente fueron los caballos que tenía en una finca próxima a la casa”, relata un vecino de A Bouza. En medio de la confusión y el miedo, corrió hasta el lugar temiendo encontrarse con el peor de los escenarios.

“Fui corriendo para ver si la riada se los había llevado, pero cuando llegué vi que habían escapado hacia una zona segura. Estaban todos juntos, a salvo y rodeados por agua y piedras”, explica todavía impresionado por lo ocurrido.

El vecino recuerda con asombro cómo los animales parecieron reaccionar antes de que llegara la avalancha de agua abandonando la parte más expuesta de la tragedia. “Da la sensación de que sabían que algo iba a pasar”, comenta. Aunque no puede explicar cómo reaccionaron con tanta rapidez, asegura que su comportamiento fue determinante para evitar una tragedia.

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