Auria Pintas, vecina de A Bouza: "Eu ía tontiña de todo e agora voume dando conta das cousas, vaime mal a cabeza"

UNA HONDA ZANJA EMOCIONAL

La tormenta se había anunciado. Se pronosticaron altas temperaturas y la zona oriental de la provincia de Ourense estaba en alerta naranja ante el riesgo de graves inundaciones como consecuencia del alto volumen de precipitaciones que se esperaba en un muy corto espacio de tiempo. Todo lo previsto sucedió, pero también ocurrió lo inesperado: una gran tromba de agua, lodo, piedras y troncos surgió como un sunami

Auira Pintas en su casa, lamentándose de los destrozos en su casa y ante un periódico de La Región en el que ha visto resumida la jornada anterior.
Auira Pintas en su casa, lamentándose de los destrozos en su casa y ante un periódico de La Región en el que ha visto resumida la jornada anterior. | La Región

La tromba llegó y le siguió una riada sin freno que bajó por la montaña escarpada arramblando con todo lo que encontró a su paso. La imagen fue como si de una escena de la película de "Lo imposible" se tratara, solo que la localización había cambiado la playa por la montaña del interior ourensano. En la comarca de Viana se recogieron hasta 80 litros por metro cuadrado y en un momento el agua torrencial se abría camino sin orden ni respeto. Con fuerza, turbia, pasando por encima de todo y sumando a su paso cada vez más restos de maleza, troncos, piedras y todo tipo de enseres.

No necesita volver a asomarse. En la mesa tiene un ejemplar de La Región que, como si fuera una ventana más por la que asomarse, recoge el drama vivido en la comarca de Viana en las últimas horas.

La relativa normalidad de varias pequeñas aldeas, como la de A Bouza, cambió en cuestión de 10 minutos. Relativa porque los vecinos de estas localidades aún hoy convivían con el recuerdo y las consecuencias que dejaron como legado los recientes incendios forestales. Esta vez, la escorrentía de agua se hizo protagonista sobre el terreno con la misma rapidez o más que con la que se propagaron las llamas el verano pasado. Así lo relatan vecinos de este pueblecito en el que hoy, una de sus vecinas no puede más que lamentarse. "Non vin que se caera o garaxe, o forno e a bodega onde teño as patacas e agora voume dando conta de todo, pero vaime a cabeza mal", repite Auria aturdida.

Galería | A Bouza, en Viana, zona cero de la destrucción en la provincia de Ourense por las lluvias torrenciales
Galería | A Bouza, en Viana, zona cero de la destrucción en la provincia de Ourense por las lluvias torrenciales | Lucía Otero

Minutos antes de propunciar esta frase, Auria había protagonizado una de las imágenes más desoladras. En esta foto de Lucía Otero se veía a esta mujer de avanzada edad, con la mirada fija en infinidad de piedras y barro que dejó la treboada. Como si por mirar fijamente a elllos se redujera el riesgo de caída, "teño tornillos nos pes por unha operación e non podo pisar as pedras", explica. Un caxato en una mano y su prima en la otra para conseguir dar un paso. Un "paseo de reconocimiento" por el epicentro del desastre para comprobar cómo quedó lo suyo y lo de todos.

Auria y también A Bouza han quedado atravesadas por una honda zanja emocional.

Todas las manos son necesarias en A Bouza

Consigue llegar a casa y Auria aún no puede creer lo sucedido a su alrededor. La expresión de su cara, sus ojos, reflejan que no vio nunca nada parecido, y ya tiene sus años. Desde el pasado miércoles hay mil frentes que solucionar.

Fuera, en lo que antes era su calle, todas las manos son necesarias para recuperar cierta normalidad. Los vecinos usan todo lo que tinen a su alcance y los aperos del campo cambian obligatoriamente la tierra por el lodo y las piedras. Remueven escombros para liberar los accesos a las casas, mientras en algún balcón aún lucen, como si no hubiera pasado nada, los restos de lo que parecen cruces de flores de la reciente celebración del Corpus. Se afana hasta alguno de los pocos niños del lugar y cavan una prorfunda zanja que atraviesa el pueblo, desde el punto más alto hasta el fondo. Es un largo surco que responde al miedo a que las lluvias regresen, una vía de escape para el agua más lógica que la del pasado miércoles.

Un niño de la aldea de A Bouza ayuda a despejar los restos de piedra y lodo.
Un niño de la aldea de A Bouza ayuda a despejar los restos de piedra y lodo. | Lucía Otero

Auria parece que no encuentra fuerzas para levantarse de una silla situada en su cocina. Allí, en el punto de reunión habitual en tantas casas de estas aldeas, esta mujer se lamenta a medida que toma conciencia de las dimensiones del desastre. No necesita volver a asomarse. En la mesa tiene un ejemplar de La Región que, como si fuera una ventana más por la que asomarse, recoge el drama vivido en la comarca de Viana en las últimas horas.

Zanja a lo largo de A Bouza.
Zanja a lo largo de A Bouza. | Lucía Otero

Su testimonio es el de una mujer angustiada. Sus palabras son una muestra de la total confusión que tienen los habitantes de A Bouza ante la magnitud de los daños provocados por las lluvias. Los técnicos insisten en que los incendios de hace diez meses no son la única causa, pero se ha multiplicado el efecto devastador del agua descargada por estas tormentas. Auria puede no ser tan experta, pero conoce bien ese equilibrio que requiere su entorno y, probablemente, a los efectos del monte quemado se suma el abandono de las tierras, el cambio climático y unos fenómenos meteorológicos más extremos o lo complicado que resulta trasladar maquinaria y realizar labores de mantenimiento del entorno en estas zonas más aisladas.

Queda por delante asimilar la situación que dejó esta tromba a su paso y digerir una auténtica catástrofe personal. Auria y también A Bouza han quedado atravesadas por una honda zanja emocional.

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