Rosa Trujillo, emigrante venezolana en Xinzo: “Me hablaron llorando, es muy duro, hubo pánico”

MOMENTOS DE TENSIÓN

La psicóloga y escritora Rosa Trujillo, residente en A Limia, relata el impacto de los dos terremotos en Venezuela a través de los testimonios de sus amistades en Caracas, que describen evacuaciones urgentes, edificios dañados y escenas de pánico, pero también redes de ayuda y solidaridad entre vecinos en plena emergencia sísmica

Rosa Trujillo, psicóloga y escritora venezolana residente en A Limia.
Rosa Trujillo, psicóloga y escritora venezolana residente en A Limia. | La Región

Rosa Trujillo es psicóloga y escritora, asentada en A Limia desde hace 7 años, trabajó durante décadas con comunidades indígenas para el área de la Secretaría de Pueblos y Comunidades del Estado de Zulia. En Venezuela conserva numerosas amistades y desde anoche ha hablado con más de una docena de personas.

Todos están bien. Asustados, tristes, pero vivos…

"'Estamos vivos, gracias a Dios!' Eso fue lo que me dijo una amiga que vive en El Paraíso, en el municipio del Libertador, en Caracas". Las amistades de Trujillo le comentan que tuvieron que escapar de sus casas porque el edificio se resquebrajó. Vieron de cerca el peligro. Ahora han recibido ayuda de unos amigos y se van a otra vivienda. "Es lo que tienen los venezolanos, que normalmente son gente que se ayudan unos a otros”, afirma Rosa Trujillo.

Junto a esa amisatad de Rosa, también se trasladará a esa misma casa Hildemara, que vivía en La Candelaria, otra parroquia del mismo municipio. “Me contó que salieron corriendo, descalzos, sin nada… Fue muy duro, está siendo muy duro, me hablaba llorando. Un poco más tarde volvió a llamar. Estaba más calmada...”.

A otro amigo de Rosa la sucesión de los dos terremotos lo sorprendió en la celebración de la Batalla de Carabobo, fiesta nacional el 24 de junio en Venezuela que recuerda el éxito militar de Simón Bolivar. “Estaban en Panteón Nacional a media tarde, una multitud, sintieron muy fuerte los temblores, la gente empezó a correr, hubo pánico… Afortunadamente él está bien. Parece que incluso el Panteón sufrió daños”.

Minutos después, Rosa se enteró de los terremotos por la llamada de su amigo. Inmediatamente empezó a ponerse en contacto con otras personas. “La primera fue Ximena. Me dijo: ‘Estamos bien, estamos yendo a casa’... Como a los diez minutos me llamó llorando. Estaba viendo edificios derruídos. Me mandó un vídeo con la imagen de uno completamente caído. Su casa estaba entera“.

Rosa contacto después con Rocío, amiga de los tiempos en San Bernardino, y con Ángela, de La Candelaria. “Estaban fuera, en la calle, al poco volvió la luz. Me enviaron imágenes de un edificio con parte de la fachada derruída. Sintieron muy fuerte el terremoto, decían... Qué duro”. Rosa repite: “¡Qué duro!”.

“Me parece terrible... Bueno, una se siente como impotente y, además, empieza a pensar que debería estar en Venezuela, ayudando allí en lo que pueda. Porque pienso que aquí hago muy poco. Entonces, a lo mejor, allí haría mucho más. Eso fue lo que pensé”. E insiste en la gravedad de lo sucedido. “Fueron dos terremotos de un solo golpe. Primero uno y después el otro igual de fuerte, más fuerte... Y ahora las réplicas y también hay anuncios de que puede haber un tsunami”.

Termina subrayando que lo primero que hay que hacer “es calmar las angustias, esto no va a acabar con todo el país, ahora hay que ayudarse unos a otros y protegerse y empezar a recuperarse otra vez”.

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