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TRES MESES DE CORONAVIRUS EN OURENSE
Tres meses. El final del invierno, el inicio de la primavera, el Día del Padre, Semana Santa, el Día del Trabajador, el Día de la Madre. Mañana se cumplen 13 semanas desde que la provincia conocía la confirmación oficial del primer contagio de coronavirus. En apenas una semana, el panorama cambió radicalmente. Los ourensanos descubrieron el significado del estado de alarma: las calles se vaciaron y el hospital comenzó a llenarse, mientras los sanitarios se enfrentaban a una enfermedad casi desconocida.
Desde aquel 8 de marzo hasta hoy, la provincia pasó del confinamiento más duro a ver cómo, paulatinamente, la actividad vuelve a las calles. Pero ni es lo mismo que entonces, ni debería serlo. La cautela, la prudencia e incluso el miedo han pasado a formar parte de la vida diaria, de la "nueva normalidad". Mañana, después de tres meses, los ourensanos podrán cruzar las fronteras, aunque de momento solo sea para moverse en Galicia. Las autoridades sanitarias advierten: sin responsabilidad, las calles se volverán a vaciar en cuestión de días. El virus ya demostró, en marzo, su capacidad de cambiarlo todo.
El 8 de marzo Ourense amaneció como casi cualquier otro domingo. De lejos sonaba el eco del coronavirus, una enfermedad que parecía "como una gripe" y que, aunque en Madrid comenzaba a azotar fuerte, en la provincia todavía había quién no sabía ni cómo se pronunciaba. "Seica xa chegou de China o cornavirus". Algunos, los más "alarmistas", ya habían hecho acopio de mascarillas de filtro fpp2 en farmacias y ferreterías desde finales de febrero.
El 8 de marzo se celebró el día de la mujer, hubo eventos deportivos, reuniones familiares y comidas con amigos
Manifestación conmemorando el Día Internacional de la Mujer Trabajadora - 8M. FOTO: ÓSCAR PINAL
Ese domingo se celebró el Día de la Mujer, hubo eventos deportivos, reuniones familiares, comidas de amigos. Las terrazas de la Plaza Mayor de la ciudad estaban llenas, porque aunque el cielo estaba nublado, la lluvia dio tregua. La distancia social sonaba entonces a película de ciencia ficción de sábado por la tarde. El Obispado, sin embargo, mandó vaciar las pilas de agua bendita y retirar el apretón de manos de la paz.
La Región daba a conocer a última hora de la tarde el primer caso de covid-19 en la provincia –ya eran seis en la comunidad gallega–. Una profesora de Salesianos que había viajado durante el Entrodio a Venecia, donde podría haberse contagiado –algo que, días más tarde, quedaría en entredicho–. "Esos días había mucho nerviosismo, tanto en nuestro ambiente como en otros", reconoce Lupicinio Peña, director del centro educativo. Ahora, tres meses después, ni siquiera se puede asegurar que aquella docente fuese la primera contagiada, ni en la provincia, ni tampoco en el propio colegio. La afectación en la comunidad educativa, finalmente, fue reducida. "Que nosotros sepamos, hemos tenido a cinco o seis alumnos contagiados", asegura Peña.
Aquella noche, el número oficial de muertes por coronavirus en España ascendía ya a 17, y el de contagiados, a más de 600.
El lunes, algunas familias de Salesianos prefirieron que sus hijos no acudiesen a clase, "por si acaso". Pero la Consellería de Sanidade no vio peligro de contagio, ya que los síntomas de la profesora habían comenzado el viernes por la tarde.
Pero mientras, la vida continuaba. El Colegio Miraflores celebrar su décimo aniversario con invitados de lujo como el exjugador de fútbol portugués Luis Figo. Gonzalo Caballero, líder socialista de Galicia, presentó su candidatura al gobierno autonómico en la ciudad, por aquel momento enfocado ya en unas elecciones que la crisis sanitaria aplazó pocos días después. Las mascarillas y el hidrogel comenzaban a escasear en los establecimientos, pero nadie asumía la preocupación por lo que venía, o casi nadie. "Eu nesa semana xa me confinei. Nin ir ao supermercado, nin a misa, nin a xogar ás cartas, nin a dar un paseo. Na casa", explica Josefa Lorenzo, vecina de la ciudad de 86 años.
El personal sanitario miraba de reojo a los hospitales madrileños, donde comenzaba a hablarse de saturación. "Lo peor es que veíamos lo que se nos venía encima, que no había medios para hacer frente a tantos pacientes, y no podíamos hacer nada por evitarlo", reconoce una residente de segundo año del CHUO. En varias ciudades del país se decretó la suspensión de la actividad académica, y en Italia se aconsejaba el teletrabajo.
Aunque el número oficial de contagiados en la provincia ourensana continuaba en un caso, el alarmismo comenzaba a hacer mella lentamente. Mientras O Carballiño celebraba su pleno, el colegio Divino Maestro celebraba sus 75 años de historia y La Molinera acogía la presentación del Centro de Inteligencia Artificial, las imágenes de supermercados desabastecidos en Madrid se amontonaban en los grupos de WhatsApp. El "solo es una gripe" comenzaba a flojear.
A nivel nacional, los viajes del Imserso, los eventos masivos y los viajes desde Italia se vetaron. Los infectados en España rozaban ya los 2.000, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comenzaba a mostrarse visiblemente preocupado.
El miércoles, el número de contagios en Ourense aumentó en tres: un médico, su mujer –Carmen Leyte, senadora del PP– y otra docente de Salesianos. La OMS, ese día, decretó la pandemia, una palabra por aquel entonces desconocida para muchos. "Aquel día yo noté que ya no tenía olfato ni gusto. Me dolía la cabeza, tenía un enorme cansancio de piernas", reconoce Leyte, que también es sanitaria. "Lo peor era la preocupación de que la gente todavía no se lo tomaba en serio, mientras las cosas ya estaban muy mal en Madrid", apunta.
El 11 de marzo la OMS decretó la pandemia. "la gente todavía no se lo tomaba en serio", recuerda la senadora Carmen Leyte
Las imágenes de los supermercados desabastecidos ya no eran en Madrid, sino en Ourense, y muchos eran ya los que llevaban las mascarilas por las calles. El papel higiénico se convirtió en el utensilio más cotizado, junto con las botellas de alcohol sanitario y la lejía. Las largas colas y las compras irracionales demostraban que la alerta ya había calado entre la población, que todavía podía moverse con total libertad. Los centros de mayores se blindaron ante la amenaza, pero sin saberlo, el virus ya se había colado a las habitaciones de los residentes.
El Mercadona de la zona de As Lagoas con las estanterías vacías sin reponer mercancía.//Foto: Xesús Fariñas
Salesianos se vació de los pocos alumnos que asistieron a clase con el paso de las horas. Pero en Cardenal Cisneros, saltaba la alarma a media mañana. Una profesora contagiada. La Xunta decidía el cierre de los centros educativos a partir del lunes, durante dos semanas, el primero de muchos otros cierres. Los contagiados en España ya ascendían a más de 3.000, y las muertes, a casi un centenar.
El jueves 12 de marzo, la Xunta decidió el cierre preventivo de los centros educativos a partir del lunes 16
El viernes, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, decretó el cierre de bares y restaurantes a partir del día siguiente. Pedro Sánchez anunció el estado de alarma y el confinamiento forzoso para evitar más contagios. Ambas decisiones dejaban claro que el "cornavirus" no era una simple gripe.
El viernes 13, Pedro Sánchez anunció el estado de alarma y Feijóo decretaba el cierre de negocios, bares y restaurantes
A última hora de la noche, los ourensanos apuraban la última cerveza de barril que tomarían durante muchas más semanas de las esperadas.
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