Feás: cerró el bar, pero ahora hay un local social

COMUNIDAD EN EL RURAL

A principios de octubre, la Comunidad de Montes de Feás cumplió uno de los deseos más esperados por los habitantes de la parroquia. Tras el cierre del único bar en la localidad, se creó un nuevo punto de encuentro para todos los vecinos.

Vecinos de Feás jugando la partida en el local social del pueblo.
Vecinos de Feás jugando la partida en el local social del pueblo. | La Región

La ausencia de un bar puede cambiar por completo a un pueblo, especialmente si se trata del único establecimiento cercano de este tipo al que los vecinos pueden acudir sin recorrer largas distancias. Cuando el bar Nictron cerró por motivos personales, la parroquia de Feás, en Boborás, se convirtió en un “pueblo fantasma”, según señala Juan José Oliveira, integrante de la junta directiva de la localidad. Tras el cierre por motivos personales, los vecinos perdieron su punto de encuentro habitual y debían recorrer hasta más de seis kilómetros para tomar algo. Esta situación provocó que muchas personas dejaran de salir de sus casas, y la vitalidad de la zona comenzaba a desvanecerse.

Como afirma Oliveira: “Por cada bar que cierra, la vida comunitaria se apaga un poco”. Entonces, ¿qué ocurre cuando el único que hay deja de estar? La falta de un espacio común reduce la convivencia y dificulta que los vecinos se vean. Sólo quienes tienen coche pueden permitirse salir con más frecuencia hasta el lugar más cercano, pero pasar de tener un sitio al lado de casa a depender de desplazamientos entorpece las relaciones. Así que había que hacer algo. Y la Comunidad de Montes de Feás lo hizo: un nuevo local social y bar en la parroquia, que se estrenó hace casi dos meses como centro de reunión para fomentar la interacción entre los lugareños.

El nuevo espacio se levantó para revivir la convivencia entre la vecinanza de la comunidad de este núcleo rural

Necesario tanto como deseado, se invirtieron los beneficios en explotación forestal para levantar el local, rescatando una vieja casa en ruinas ubicada en un terreno urbanizable, al lado del campo de la fiesta, y en donde antiguamente se hacía la feria. “Es un lugar fantástico, le queda cerca a prácticamente todo el mundo. Además, está junto a un parque infantil, por lo que los padres pueden acercarse y dejar a sus hijos, ya que desde el local tienen buen control visual sobre ellos. Hay varios árboles que nos dan sombra para el verano, y también mesas y sillas que podemos aprovechar para cuando esté bueno el tiempo. Definitivamente, encontramos el espacio ideal”, se alegra Oliveira. Aunque fue necesario ampliar el terreno en un 25% respecto a su tamaño original -lo cual requirió solicitar una aprobación formal-, la propuesta recibió un consentimiento unánime, al tratarse de un proyecto que beneficiaría a todos los habitantes del pueblo. Nadie estaba, ni está, en contra del local.

Desde su inauguración a principios de octubre, el local social ha acogido todos los días a los miembros de la comunidad de Feás que quieren pasar tiempo con sus vecinos, relacionarse y disfrutar de actividades cotidianas: conversar, intercambiar opiniones e historias de vida, celebrar fiestas como el magosto, compartir comidas, postres…, y también cosas tan sencillas como acercarse a, simplemente, tomar un café, sentado junto alguien. No se puede dudar que se ha convertido en el lugar de disfrute para la gente de Feás.

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