La Región
El viaje en tren desde Valdeorras, una odisea
Embarcarse en un viaje en tren desde la comarca de Valdeorras es un auténtico reto. Nunca se sabe cómo se va a desarrollar el trayecto ni si el horario previsto acabará siendo una mera referencia.
Las frecuencias son muy reducidas y los servicios resultan tediosos, poco competitivos y excesivamente dependientes de las conexiones por carretera. De hecho, su principal competidor, el autobús, ofrece una alternativa más rápida, económica y con una oferta horaria mucho más amplia.
El desplazamiento hasta la capital de la provincia supera las dos horas en el mejor de los casos. El tren regional realiza paradas en múltiples estaciones y apeaderos donde apenas existe movimiento de viajeros, lo que alarga innecesariamente el recorrido. El Alvia tampoco supone una mejora significativa: la frecuencia de la tarde acumula, en demasiadas ocasiones, retrasos cercanos a la hora, convirtiéndose, paradójicamente, en la mejor opción —entre comillas— para desplazarse a las principales ciudades gallegas.
Pero quizá uno de los mayores problemas sea la absoluta falta de información al viajero. Cuando se producen incidencias o retrasos, nadie informa de lo que está ocurriendo y los usuarios tienen que buscarse la vida para averiguar qué ha pasado y cuánto tiempo deberán esperar. La sensación de abandono es constante y genera una enorme frustración.
A ello se suma la dificultad para obtener las indemnizaciones por retraso a las que, en muchos casos, los pasajeros tienen derecho. Con frecuencia, las compensaciones ni siquiera aparecen reflejadas en el sistema y el procedimiento automático de devolución de la página web de Renfe determina que no corresponde reintegro alguno, obligando al usuario a reclamar reiteradamente para hacer valer sus derechos.
Resulta difícil entender que una comarca dinámica y con movimiento de estudiantes como Valdeorras continúe padeciendo unas conexiones ferroviarias propias de otra época. Mientras se habla de movilidad sostenible y de vertebración territorial, los vecinos siguen comprobando que el autobús continúa siendo más eficaz y fiable que el tren.
La pregunta es inevitable: ¿merece realmente la pena apostar por el ferrocarril en estas condiciones?
Antonio Fernández Vázquez (O Barco de Valdeorras )
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