La Región
El otro 8-M
La ONU denuncia una realidad alarmante: el pago de la deuda en países en desarrollo agrava la desigualdad de género, poniendo en riesgo 55 millones de empleos femeninos. En un contexto histórico donde las mujeres han cargado desproporcionadamente con las crisis –desde guerras hasta pandemias–, esta nueva carga revela la vulnerabilidad crónica de las personas más expuestas: ellas mismas.
El servicio de la deuda consume recursos vitales que deberían destinarse a salud, educación y protección social, sectores donde las mujeres son mayoritarias. Países pobres priorizan pagos a acreedores sobre inversión en equidad, perpetuando un ciclo donde ellas pagan el precio con pérdida de trabajos, mayor pobreza y retrocesos en derechos adquiridos. Es la misma historia de siempre: en momentos de escasez, ellas son las primeras en sacrificarse.
Esta vulnerabilidad no es casual ni moderna; es estructural. Las mujeres, históricamente marginadas en la toma de decisiones económicas, sufren ahora cómo la deuda global las castiga doblemente. La ONU exige acción, pero ¿responderá el mundo?
Este es el 8-M, donde el día internacional de la mujer pasa desapercibido en muchas partes del planeta, perpetuando una injusticia histórica que avergüenza al siglo XXI. ¿Quién hace caso a la ONU?
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