El Eco

Publicado: 09 sep 2026 - 02:55
Opinión en La Región
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En la mitología griega, Eco era una ninfa del bosque famosa por su conversación brillante y alegre que usaba su don para distraer a la diosa Hera con charlas interminables, mientras Zeus se escapaba para estar con otras ninfas. Al descubrir la trampa, Hera la castigó arrebatándole su voz, de modo que, desde ese momento, Eco solo podría repetir las últimas palabras que escuchara de los demás, pero era incapaz de iniciar una conversación.

Tiempo después, Eco se enamoró de Narciso, un joven de gran belleza. Ella lo seguía en silencio por el bosque, anhelando hablarle. Pero, cuando se acercó a él, Narciso la rechazó de forma cruel. Con el corazón roto, la ninfa se refugió en las cuevas y profundidades de las montañas. Su cuerpo se fue marchitando por el dolor hasta consumirse por completo, dejando solo sus huesos -que se convirtieron en piedras- y su voz.

Por eso, cuando se le habla a la montaña, no responde la tierra: es la ninfa Eco, atrapada para siempre en la necesidad de repetir las palabras de un amor que nunca pudo ser suyo. Aunque, en realidad, como sabemos, el eco es el fenómeno acústico que se produce cuando una onda sonora rebota contra una superficie dura y regresa al punto de origen con suficiente retraso como para que el oído humano lo perciba como un sonido independiente del original.

El Eco de Ourense acompañó durante casi tres décadas la vida de una urbe que empezaba a modernizarse y que necesitaba también nuevas formas de discusión pública

En nuestra ciudad, recibió ese nombre El Eco de Orense, un periódico nacido en 1880 por iniciativa del político liberal Vicente Pérez. Aquella cabecera acompañó durante casi tres décadas la vida de una urbe que empezaba a modernizarse y que necesitaba también nuevas formas de discusión pública. No era tan solo un periódico: era, más bien, una tribuna desde la que la sociedad ourensana se contemplaba y discutía.

Tres años después de su fundación, asumió su dirección Valentín Lamas Carvajal, y con él El Eco adquirió una personalidad literaria que acabaría siendo inseparable de su historia. Lamas no entendía el periódico únicamente como instrumento político, sino también como espacio de creación y de crítica. Aquella nueva prensa de la Restauración acabó convirtiéndose en una de las principales formas de conversación pública de la ciudad.

No obstante, las diferencias de criterio entre Vicente Pérez y Lamas Carvajal fueron creciendo hasta hacer inevitable la ruptura. El primero decidió entonces hacer lo que tantas veces ocurre cuando dos personas dejan de caber en el mismo proyecto: crear otro. De modo que, en 1898, fundó El Miño, que desde el principio quedó enfrentado a El Eco. Lo que comenzó como una disputa personal acabó convirtiéndose en rivalidad periodística.

La competencia entre ambos periódicos tuvo incluso su propio lenguaje satírico. A las “Mostacillas” de Lamas respondían las “Triquiñuelas” de El Miño, mientras Francisco Álvarez de Nóvoa incorporaba después sus «Agujetas». En aquellas páginas se discutía con nombres y apellidos y se polemizaba públicamente. Entre las “Mostacillas” y el “Quen cho dixo” media más de un siglo de diferencia, pero la ironía sigue formando parte natural del debate.

Ciertamente, un eco no es la voz original, pero tampoco es su ausencia: es aquello que permanece cuando la voz ya ha terminado. El Eco de Orense dejó de publicarse hace más de un siglo, pero algunas de sus páginas todavía permiten escuchar cómo pensaba, discutía y soñaba aquella ciudad. Porque los periódicos, como las polémicas, desaparecen. Pero, mientras alguien pueda volver a leerlos, la ciudad seguirá escuchándose a sí misma.

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