La Región
Paz en Irán
Conocí a un hombre que nunca dejaba de volar. Se bajaba de un avión y cogía otro. Siempre a favor del sol. Nunca lo dejaba escapar. Nunca vió la oscuridad porque siempre volaba bajo el sol. Lo perseguía. Daba vueltas y vueltas al mundo. Nunca vió la noche. De Nueva York a Nueva Zelanda. De Australia a Tokio. De Tokio a Madrid. También conocí a una mujer que no paraba de volar. De un lado a otro. Aterrizando y despegando al momento. Siempre en la noche. No quería ver el sol. Y por eso buscaba sin cesar la noche. Dando vueltas al planeta.
En el aire todo es remoto. La noche y la luz quedan muy lejos.
Por supuesto, ambos nunca cruzaron sus caminos. Sería una incongruencia. Conocí a otro hombre que no se bajaba de los aviones. Siempre dando vueltas al mundo. Este no escapaba de la luz o la oscuridad. Este escapaba del mundo en sí. De todas las noticias catastróficas de cada día. De todas las guerras de cada minuto. En el aire todo es remoto. La noche y la luz quedan muy lejos
Emmanuel Rueda Girondo (Vigo)
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