La Región
Un chorro de savia para nuestro siglo
Amigos y amigas:
No por casualidad, el día 4 de octubre Luz Casal pone el broche de oro al festival Ou Yeah!, en el Paco Paz de Ourense. Muchas actitudes unen a Luz Casal con Francisco de Asís, cuya festividad celebramos el día 4: la alegría, la humildad, la coherencia, la elegancia, la libertad creativa, la manera de mirar y entender el mundo, el ser cronistas del día a día… Ambos, como el actor Brad Pitt cuando interpreta “En el corazón de la bestia”, gritan: “Nos deberíamos centrar más en lo que nos une”.
Francisco de Asís (1182-1226), a los 800 años de su fallecimiento, es amado por todos, porque vivió en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior con uno mismo. Por eso podemos afirmar que si el Botafumeiro es el ambientador para techos altos, el mensaje de Francisco es el ambientador para tiempos convulsos.
El sabio Carlos Risco, con sensibilidad franciscana, nos recordaba hace unos días en La Región que el pobre de espíritu, en el bosque animado apenas ve más que “un almacén de leña”
Con sólo 44 años fue uno de los mayores revolucionarios de la historia. Y también en nuestra diócesis dejó una fuerte huella, en la capital, en Vilar de Astrés, Ribadavia, Allariz, Carballiño… La familia franciscana nos invita a cantar con él: “Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor; loado seas por toda criatura, y en especial loado por el hermano sol y por la hermana luna y por la hermana agua, preciosa en su candor… y por la hermana tierra, que es toda bendición, la hermana madre tierra, que da en toda ocasión las hierbas y los frutos y flores de color…”.
El sabio Carlos Risco, con sensibilidad franciscana, nos recordaba hace unos días en La Región que el pobre de espíritu, en el bosque animado apenas ve más que “un almacén de leña”; apenas ve que “en el suelo está la vida”, apenas se da cuenta de que “deberíamos besar la tierra que pisamos”. Y lamentaba que “no recordamos ya el coro de los pájaros…, ni los grandes árboles que hicieron barcos y catedrales”.
Amigas y amigos, en este tiempo tensionado, el perfume de las flores nos recuerda que la naturaleza encuentra en ellas la forma más hermosa de comunicarse con nosotros. La brisa de León XIV y el mensaje de Francisco de Asís aportan un chorro de savia para nuestro siglo.
Adolfo Requejo Rodríguez
(Ourense)
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