La Región
Dinero contra valores
Dos noticias recientes retratan sin rodeos el rumbo que estamos tomando. Por un lado, los supermercados ya dominan el 92% de la superficie comercial en España. Por otro, cerca de la mitad de los nuevos negocios de autónomos no supera los tres años de vida. No son datos aislados: son síntomas de un modelo que arrincona a los pequeños y premia la concentración.
El pequeño comercio no solo pierde espacio; pierde sentido en un sistema que le exige competir con gigantes a los que nunca podrá igualar. Cada persiana que baja en un barrio deja menos vida, menos trato cercano y menos identidad urbana. La tienda de confianza, la del saludo por el nombre, va quedando como un recuerdo sentimental mientras avanza una lógica puramente mercantil. La relación entre cliente y comercio, casi familiar, se deshace ante nuestros ojos.
Tampoco emprender ofrece ya una salida fácil. Muchos autónomos arrancan con esfuerzo y esperanza, pero se estrellan pronto contra costes, competencia feroz y escaso respaldo. Los grandes crecen; los pequeños resisten como pueden, cuando pueden.
El resultado es claro: un tejido económico cada vez más débil, una convivencia más fría y un futuro que deja a demasiadas personas al margen. La pregunta es inevitable: ¿Hacia qué modelo de convivencia nos encaminamos? Y, sobre todo, ¿Ocupan realmente estos asuntos un lugar central en los programas políticos, o siguen considerándose simples “menudencias”?
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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