La Región
¿Dónde está la bolita?
Para el nuevo emperador, la guerra que inició con su homólogo de Oriente Medio es un simple juego de barquitos, al igual que hacíamos en nuestra infancia. Parece un adicto al juego de la guerra.
No le importa la vida de sus paisanos y mucho menos la de los países que no comparten su juego mortal. La de él no peligra. Desde un cómodo despacho diseña un programa con fines económicos y, cual cuatrero narcisista, no le importa el daño que su ambición pueda causar con tal de hacer caja. Si se regodea y jacta, hundiendo barcos de su ficticio rival, es porque está rodeado de un séquito de adláteres que lo aplauden y de unos espectadores, ya europeos o americanos, que jalean su macabro juego.
Como español y espectador de esta partida desigual y como víctima del vanidoso jugador yanky, lamento que en mi país no exista unanimidad en apoyar al Gobierno de todos, sino por el contrario manifiestan su apoyo al conquistador. Que no se extrañen que la sociedad, más racional que ellos, condene cualquiera forma de agresión, sobre todo la ejecutada con fines económicos, violando el derecho y matando seres humanos inocentes.
No debería haber discordancia en asuntos de tal relieve, con efectos negativos para la inmensa mayoría de los ciudadanos. La Historia pondrá a cada uno en su lugar, pero será el pueblo llano quién sufra las consecuencias de un juego macabro en el que no participa.
Francisco Domínguez Martínez
(Ourense)
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