La Región
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Las derechas son incapaces de hacer política sin invocar a ETA. No por memoria, sino por insolvencia. Catorce años después de su derrota a manos de los demócratas, siguen desenterrando su sombra con una insistencia obscena. No es justicia; es necrofagia política.
Utilizar a la banda como comodín delata un discurso vacío. Cuando falta un proyecto de futuro y el programa se limita a proteger privilegios, se azuza el miedo y se llena el aire de insultos para ocultar carestía de ideas. Convertir el dolor en un eterno presente no es pedagogía; es manipulación emocional y una ofensa a las víctimas, a quienes reducen a figurantes de su propaganda.
El ciclo de la Comunidad de Madrid -“ETA es presente”- es el máximo exponente de esta irresponsabilidad. No buscan que los jóvenes universitarios aprendan historia, sino imponer un relato conveniente. Quien resucita a una banda muerta para ganar un debate demuestra que no tiene nada que ofrecer a los vivos. Basta de mercadear con las cenizas. Superar el terrorismo exige rigor democrático, no una dependencia enfermiza.
Miguel Fernández-Palacios Gordon (Madrid)
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