La Región
La "buena fe" de los herederos de Franco
CARTAS AL DIRECTOR
Europa despidió el año con las calles de Bruselas bloqueadas por tractores y con agricultores franceses, griegos, belgas o españoles denunciando lo mismo: acuerdos comerciales que los dejan vendidos, recortes en la PAC, costes disparados y una competencia desleal frente a productos de terceros países que no cumplen los mismos estándares. Mientras, los datos oficiales presumen de una renta agraria que sube casi a doble dígito, como si el campo fuese un cohete macroeconómico que el agricultor de a pie no reconoce en su cuenta corriente.
En España, las organizaciones agrarias ya anuncian un “invierno muy caliente”, con tractoradas y protestas si nada cambia. Pero junto al malestar hay otro problema de fondo: el relevo generacional. En comarcas como el olivar jiennense, el futuro se juega entre el riesgo del abandono y la oportunidad de una nueva agricultura más innovadora, sostenible y mejor pagada, capaz de atraer a jóvenes que hoy miran al campo con más recelo que esperanza.
Quizá el eterno problema del campo no sea solo la “crisis” recurrente, sino la incapacidad de convertirlo en proyecto de país: digno, moderno y estable. ¿Cuántos inviernos calientes más harán falta para que la política deje de ver a los agricultores como un lobby molesto y empiece a tratarlos como lo que son: un pilar estratégico para la alimentación, el territorio y el clima? ¿Se firmará en este nuevo año el acuerdo UE‑Mercosur? Tal vez veamos el comienzo de 2026 con las carreteras europeas bloqueadas.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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