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CARTAS AL DIRECTOR
Una sanidad rota
CARTA AL DIRECTOR
La dignidad en el final de la vida y el acompañamiento a los familiares del paciente terminal es un derecho, no una súplica. En el Hospital de Ourense, una vez más (y ya van 3), mi familia ha tenido que enfrentarse al dolor añadido de ver cómo se ignoraba una angustiante situación en los últimos días de un ser querido. Mi abuela, tras sufrir un ictus que la dejó sin habla ni movilidad, pasó casi cinco días en la quinta planta ala norte de la nueva área hospitalaria sin recibir la sedación adecuada. La médica responsable de su caso se negó a ajustar las dosis tras tres días de proceso, a pesar de los síntomas evidentes para ello, descritos por ella misma: apneas, agitación respiratoria y muerte cerebral ya en el segundo día del proceso de sedación.
Ante esta decisión médica, el personal de enfermería (tres de ellos concretamente -gracias-) tuvieron que intervenir hasta en 8 ocasiones en tan solo 6 horas con inyecciones de morfina y midazolam para aliviar esa situación agónica y el sufrimiento familiar tras tantos días. La falta de empatía y profesionalidad de una médico afectó seriamente a un paciente, a su familia y a sus compañeros y compañeras de enfermería.
No soy médico, pero sí soy humana. Y duele tener que rogar que se cumpla algo tan básico como una muerte digna. No hablo de eutanasia, sino de aplicar criterios médicos dentro de la legalidad vigente actualmente y actuando conforme a razones médicas, no según ideología política, creencias religiosas u opinión personal. Eso no es ser profesional.
Deseo que este sufrimiento no vuelva a repetirse. Porque todos somos y tenemos abuelas o madres. Nadie debería morir entre la indiferencia y la burocracia. Una sociedad que no garantiza una muerte digna, difícilmente puede considerarse democrática.
Alba Cabrera Gonzalez
(Ourense)
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