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“Deseamos proteger los legítimos derechos de la población saharaui, ya que nuestra misión en el mundo y en la historia lo exigen”
(Juan Carlos de Borbón, arenga a las tropas españolas establecidas en El Aiún,
02-11-1975).
¿Cómo protegió esos legítimos derechos? Permitiendo que Marruecos, cuatro días más tarde de su alocución, invadiera el territorio del Sahara Occidental, entonces la provincia 53 de España. Poco se ha escrito públicamente sobre el papel de Juan Carlos de Borbón en la Marcha Verde, impulsada por las ansias expansionistas de Hassan II. Una invasión de la que no solo tenía conocimiento el Borbón, si no que daba su visto bueno. El acuerdo con el monarca alauita establecía que Marruecos se adentrara unos cuantos kilómetros de la frontera norte del territorio, permaneciese un corto período de tiempo, mientras se retiraban las tropas españolas allí establecidas.
Documentos desclasificados de la CIA en enero 2017. En el 06.11.1975 recogen las palabras del Borbón manifestadas al entonces embajador estadounidense en Madrid sobre tal acuerdo con el Reino de Marruecos. El ya entonces nuevo Jefe de Estado Español temía que una revuelta de resistencia militar a los marroquíes en aquel territorio, se propagase a la península. Recientemente había tenido lugar en el vecino Portugal “la revolución de los claveles”, auspiciada por jóvenes militares hartos de luchar en las colonias portuguesas en África.
Sobra decir que la Administración USA bendecía la actitud del Borbón, por sus intereses geopolíticos y económicos, y a cambio USA protegería en su futuro reinado al Borbón. Comenzaría, al mismo tiempo, una estrecha relación de amistad entre Juan Carlos I y Hassan II, que, ambos, llegaban a tratarse de “hermanos”. Fiel a la felonía propia de la prosapia borbónica, que encarnara, como nadie, su ancestro Fernando VII, para Juan Carlos I su entrega a Marruecos del Sahara Occidental nunca le representó estigma alguno. Tampoco estigmatizó a los medios de comunicación cuando han silenciado tales hechos. Pero son hechos, como otros más suyos, de los que la historia no le absolverá.
Hemos pagado un alto precio, aquí y más allá de nuestras fronteras, por el calificativo “motor del cambio democrático” en prensa y en historiadores de pesebre. Lo suyo siempre fue el afanarse para que no le moviesen el trono y la desmedida cuchipanda. Y el vasallaje entontecido se prestó a otorgarle la inviolabilidad civil y penal.
Se cumplen 50 años de aquella felonía, de la que Juan Carlos I ha callado para su beneficio propio. ¿Lo hará en sus anunciadas memorias, “Reconciliación”? ¿Reconciliarse con quién?
Abelardo Lorenzo
(Ourense)
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