La Región
El G7: pompa sin frutos
Otra reunión del G7, como quien repite un rito cuya eficacia nadie termina de creer, pero que conviene conservar por si acaso. Mucha solemnidad, fotografías y gestos estudiados; al final, la misma pregunta: ¿sirve para algo?
De sus miembros, solo Estados Unidos parece tocar la partitura. Los demás, con menos peso del que quieren admitir, ocupan el escenario como actores que no han recibido el aviso de que la obra ha cambiado. Europa contempla, en directo, cómo se queda fuera del centro de gravedad del mundo.
Trump juega con dos relojes: uno apunta al pasado, otro a un futuro donde los viejos equilibrios ya no mandan. En ese tablero, China y Rusia son piezas principales. El siglo XXI no reserva a Europa un papel de primera fila.
La UE no ha sabido adaptarse con rapidez a las nuevas herramientas de producción e influencia. Y el G7, para el ciudadano, conserva algo de club distinguido y distante: se habla mucho, se posa bien ante las cámaras, pero los resultados apenas descienden hasta la calle.
Mucha pompa, poco fruto. Mientras las sanciones europeas contra Rusia buscan efecto, la geopolítica recuerda su norma más incómoda: hoy se aplaude a un aliado, mañana se negocia con el adversario. Políticos de Europa: dejen el humo y traigan resultados.
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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