La Región
Justicia y equidad
En el mundo, algunos pueblos sufren la guerra con destrucción y muerte. Aquí, sin disparos ni sirenas, libramos otra batalla: la de los precios. La inflación ha repuntado al 3,1% en octubre, y el coste de los alimentos básicos no deja de subir. Cada visita al supermercado se ha convertido en una trinchera doméstica.
La leche se encarece porque la producción cae y faltan jóvenes que tomen el relevo en las granjas. El campo sufre robos de naranjas ante su carestía. Y los huevos, símbolo de la comida más sencilla -ese humilde plato de huevos fritos con pan, tan nuestro-, han sufrido en los últimos seis meses un aumento de nada menos que el 50%. Incluso lo más simple empieza a ser un lujo. ¡Manda huevos!
Mientras tanto, los productores agrícolas y ganaderos ven cómo sus márgenes se reducen y sus esfuerzos apenas cubren los costes. Sin relevo generacional, sin precios justos y con una inflación persistente, se libra una batalla silenciosa que amenaza la base de nuestra alimentación y el equilibrio del mundo rural.
Quizá no caen bombas, pero caen los precios… sobre nosotros. Esta guerra erosiona el poder adquisitivo y el ánimo de un país que se levanta cada día tratando de llegar a fin de mes.
¿No es esta, también, una guerra en toda regla? Precios, relevo generacional, listas de espera, vivienda, salud mental... ¿Dónde está el bienestar?
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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