La Región
Invasiones modernas
Las revueltas iraníes recuerdan que, detrás de los grandes lemas políticos, suelen esconderse neveras vacías y bolsillos rotos. En 1979, la revolución que derribó al Sha se alimentó tanto del rechazo a la dictadura y a la dependencia de Occidente como de una profunda sensación de injusticia económica, agravada por inflación, desigualdad y la incapacidad del régimen para repartir los beneficios del petróleo.
Las protestas actuales vuelven a nacer del mismo lugar: la mesa de la cocina. La moneda se hunde, la inflación oficial ronda o supera el 40%, y los alimentos básicos han llegado a encarecerse en torno a un 70% anual, convirtiendo pan, aceite o huevos en bienes de lujo para millones de familias. El estallido reciente comenzó con huelgas y cierres de comercios, golpeados por la devaluación del rial y la caída del consumo, y se extendió a barrios populares y ciudades de todo el país.
Entre 1979 y 2026 cambian los eslóganes, las redes sociales sustituyen al boca a boca y la represión se moderniza, pero se repite el mismo guion histórico: cuando los salarios se evaporan, los subsidios se recortan y la comida deja de alcanzar, la obediencia se resquebraja. El hambre, o su amenaza inmediata, sigue siendo el gran motor de los movimientos sociales: la gente soporta ideología, censura y miedo durante años, pero no acepta que sus hijos pasen hambre. Entonces, como muestra Irán una vez más, las montañas se mueven.
Pedro Marín Usón(Zaragoza)
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