La Región
Añorar lo que no se sufrió
Admirado y odiado: así se define, en buena medida, el ser humano. La historia nos enseña que nuestras acciones han estado marcadas tanto por gestas que parecían imposibles como por atrocidades difíciles de imaginar.
El sueño de volar como las aves se convirtió en realidad. Pero la misma aviación dio lugar a bombardeos que sembraron muerte y destrucción en ciudades enteras. La innovación en la depuración del agua permitió a millones de personas mejorar su calidad de vida. Sin embargo, también hubo innovaciones al servicio de la barbarie y del exterminio.
Los avances científicos han perseguido siempre prolongar y mejorar la salud humana, recordando en cierto modo aquel viejo anhelo de volar: alcanzar lo inalcanzable, rozar la inmortalidad. Y, mientras tanto, como el propio planeta, somos seres vivos en constante transformación, con una velocidad de cambio hoy mucho mayor que en el pasado.
Lo estamos viendo en directo: en la manera en que trabajamos, en las herramientas tecnológicas que usamos, en la forma en que nos relacionamos. El verdadero reto, ahora, no es solo innovar, sino comprender y orientar esos cambios hacia un futuro más humano. Porque lo que distingue a nuestra especie no es lo que es capaz de crear, sino lo que decide hacer con ello.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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