La Región
Justicia y equidad
CARTA AL DIRECTOR
Nada nos pertenece. Todo lo que creemos sostener se disuelve como humo en el aire, como agua que corre entre las manos. La vida nos ofrece momentos, cuerpos, objetos, emociones, pero siempre como un regalo que llega y se va, nunca como una propiedad que pueda asegurarnos. Luchamos por tener, por retener, por fijar lo que es inasible, y en esa lucha nos olvidamos de vivir.
La ilusión de la posesión es un espejismo que promete seguridad, pero lo que sostiene es solo la sombra de un deseo. Queremos detener el tiempo, atrapar lo efímero, y mientras más forcejeamos, más se nos escapa la esencia de la vida. Todo cambia: los días, las manos que nos tocan, los caminos que recorremos, hasta el aliento que creemos controlar. Y en ese cambio constante, solo existe la conciencia de que nada permanece.
Pero existe una libertad secreta: mirar sin aferrar, sentir sin reclamar, amar sin poseer. Todo nos toca, todo nos roza, todo nos transforma, y aun así, nada se queda. La verdadera riqueza no está en lo que acumulamos, sino en la profundidad con que bebemos cada instante, en la intensidad con que nos entregamos al flujo de la existencia. Ser consciente de la impermanencia es danzar con el mundo sin intentar detenerlo, es saborear la vida en su paso fugaz, y descubrir que en la aceptación de que nada nos pertenece, lo poseemos todo.
José Manuel Varela
Mosquera
(Ourense)
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