El imperio del insulto

Publicado: 21 sep 2026 - 00:51
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

Estamos atravesando un momento insólito, nunca visto desde que se restauró la democracia.

Aquellos pesos pesados de la política de antaño, que nos daban lecciones de respeto al contrario, con una elocuencia digna de admiración por su cultura, consideración y cortesía, sin acudir a términos ofensivos hacia aquellos otros que rivalizaban con ellos en el terreno político.

El problema es que, actualmente, algunos sobrados de una enorme pobreza ética, cultural, democrática, repiten cual rebaño, aquellos términos con ánimo de ofender, tales como “hijo de p...”, “traidor”, “terrorista”, “dictador “ y otras muchas descalificaciones y vejaciones, provocando odio e incitación a la violencia, que incluso algunos de ellos practican, provocando, al menos, la polarización de la población.

Si desacreditando al rival con bulos, mentiras y ofensas se llega al poder, en vez de con propuestas posibles y ejecutables, se demuestra que el sistema no funciona, que está enfermo de muerte.

Los ciudadanos de orden no se merecen tener que soportar este clima de crispación en el ruedo político, ya que contamina algunas mentes convulsas, manipulables, dispuestas a todo con el único fin de cambiar a un gobierno legítimo, permitiendo que sean los suyos los que tomen las riendas del país, para llevar a término una regresión o retroceso en la vida de una inmensa mayoría, beneficiándose ellos mismos, en primer lugar, y una élite poderosa e influyente a continuación.

Cuando los griegos inventaron la democracia hace más de 2.500 años y los romanos también la adoptaron posteriormente, ninguno de ellos se podría imaginar el enorme deterioro que tiene eso que se institucionalizó, de, para y por el pueblo, con el fin de lograr una convivencia pacífica, tolerante y respetuosa, sacralizado la dignidad individual como horizonte de sus vidas.

El comentario que más escuchamos es: “Esto no pinta bien”.

Efectivamente, si eso llegase a ocurrir, “que nos pille confesados”, como decían nuestros abuelos.

Francisco Domínguez (Ourense)

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