La Región
CARTAS AL DIRECTOR
Lecciones de física ferroviaria
CARTAS AL DIRECTOR
“¿Estaba bien bateado el balastro para que la cama junto con la traviesa haga que el carril no sufra en el punto de una soldadura? ¿Por qué no nos dan información de ello?”
(Alberto Núñez Feijoo).
En mis ya lejanos años de bachillerato se me atragantaba la asignatura de Física. Solamente guardo en mi memoria la fórmula del movimiento pendular dada por Don José Souto Vila, catedrático de la materia en el viejo Instituto do Posío. Y la recuerdo por cuanto me atraían los relatos novelados de misterios. Aquella fórmula se me antojaba un arcano criptograma griego: alfa igual a dos pí dividido por omega.
Lo que sí llegué a entender de aquel profesor era la diferencia entre la fuerza centrífuga y la centrípeta. Ponía como ejemplo, siempre, cuando él viajaba con su coche por la carretera de La Estrada. Al llegar a una curva cuidaba que no le arrastrase la fuerza centrífuga (hacia adentro) o la centrípeta (hacia afuera), porque el hostiazo estaba asegurado.
Voy a hacer un esfuerzo descomunal para que pueda entender la lección de física ferroviaria dada por este documentado político. Batir es menear o golpear; el balastro son esas pequeñas piedras donde se asientan las vigas de los carriles de las vías ferroviarias. ¿Cómo se baten? ¿Como los gambusinos buscando pepitas de oro? ¿O dando golpes como se mallaba el centeno en la eira de mi aldea? ¿Tienen los carriles capacidad de sufrimiento humano en determinada soldadura o es que son frágiles para soportar tanto peso de un furgón? No aclara el tipo de soldadura a la que se refiere.
Continúo sin entender nada. Intentaré contactar con mi hijo, que ya lleva unos cuantos años oficiando como maquinista ferroviario, para que me saque de dudas. Pero lo haré cuando amainen las borrascas que nos asolan, enemigas de los balastros hasta hundirlos, por muy nuevas y homologadas soldaduras en los carriles y traviesas de hormigón; como enemigos son los taludes desprendidos por la ingente lluvia caída. No deseo ahondar sus temores.
Algo sí es cierto: el que se ha incrementado la frecuencia de circulación de trenes, y, por tanto, la adquisición de nuevas unidades ferroviarias, bajando la cantidad de los mantenimientos comparativamente hablando. Intentarlo conllevaría cancelar o demorar horarios. ¿No nos quejaríamos de ello los usuarios? Simple cuestión de civismo para seguridad propia y ajena. Acabo. Para mayor inversión en las estructuras ferroviarias, el Estado ha de elevar la carga impositiva: recaudar más impuestos. Esta fórmula sí llego entenderla, aunque otros no tanto.
Abelardo Lorenzo
(Ourense)
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