La Región
En el Medo y junto al Miño, siempre me tratas con cariño
Corría el 11 de septiembre de 2001 cuando fuimos testigos de algo que pensábamos que era irreal, un espejismo.
Las imágenes que transmitía la televisión nos han tatuado en el subconsciente una impronta indeleble; los recuerdos afloran a la mente, la sangre rebulle en las venas: personas enloquecidas por el terror arrojándose al vacío tratando de huir del infierno. Las dos torres más emblemáticas de la ciudad de Nueva York, se disolvieron cual azucarillo en un vaso de agua. Miles de personas corrían despavoridas por las calles entre el caos, tiznadas por un negro y denso humo; zombis sin destino. EEUU, el sheriff a nivel planetario, había sido humillado, su dizque invulnerabilidad puesta en tela de juicio.
Un fanatismo tan implacable como ciego, dejó grogui al tío Sam. Ese fatídico día supuso un punto de inflexión; sus consecuencias las vemos día a día.
En un sentido amplio, no somos los mismos: Exudamos miedos, recelos, prejuicios, etc., que han horadado nuestro interior para quedarse.
Francisco Javier Sáenz Martínez (Lasarte)
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