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Para mí, es indudable; para el PP y adláteres, también, por más que intenten sembrar la impresión contraria. Otra cosa es que lo haga de la forma en que le gustaría: todos los gobiernos, todos, han tenido y tienen la aspiración de poder hacerlo sin cortapisas, con mayorías absolutas imponiendo siempre su criterio sobre el resto de las minorías parlamentarias, por más que cuenten con mucha frecuencia con la mayoría ciudadana. Porque, si no, les enardece tanto que Sánchez siga gobernando, atacándolo de manera espúrea, sin el debido respeto -que no podrán reclamar para sí un día lejano, espero-, en lugar de socavarlo con la crítica política seria y razonada hasta que caiga como fruta madura. Padecen ansiedad de poder.
Se puede gobernar de varias formas, contexto obligado: una activista, pariendo leyes a cachón, aunque sean luego letra muerta; otra menos efectista, donde hay que sudar cada proyecto y ceder puntos para obtener el apoyo preciso, congregando una variedad mayor de sectores sociales: todos pierden y ganan algo, pero nadie arrasa, derivando en una mayor cohesión ciudadana: la evolución del conflicto catalán es paradigmático, del raca-raca pepero-nacionalista a un problema crónico de baja intensidad, ralentizado y secular. En definitiva, menos leyes -padecemos inflación legislativa- pero más efectivas.
Otro aspecto del “desgobierno” es la tan socorrida crítica de una jaula de grillos por su variada composición, contradiciendo el certero dicho popular: “catro ollos ven máis que dous”. En efecto, la variedad de opiniones e intereses en el Consejo de Ministros no debe sino satisfacernos, aun provocando retrasos, en beneficio de una síntesis final enriquecedora, lo que confirmaría cuando se habla de “debatir” una ley en el Consejo de Ministros: debate real, no respaldo ciego al ministro del ramo que proceda; creen que el PSOE habría legislado igual sin la presión de Podemos-Sumar en los gobiernos. Esto nada tiene que ver con las disputas interpersonales entre gallos de un mismo corral, no ideológicas, si no de poder: versus Soraya-Cospedal, o por estos pagos, Cuiñas-Feijóo: boinas y birretes, Baltares por medio; estériles en sí mismas.
Por último, tenemos el Gobierno del mal menor como denominador común de todos aquellos que en España, nacionalistas periféricos incluídos, no deseamos al rancio bloque de la “derechona” hispana: PP-Vox; impidiendo las falcatruadas de su bulldozer legislativo en favor de los prioritarios intereses eternos de siempre, ahora reforzados por la ola oligarco-tecnológica-monopolista, en perjuicio de todo lo que atañe al Estado asistencial: sanidad y enseñanza públicas, emergencia climática, redistribución de la superriqueza descontrolada y generadora de todos los conflictos humanos.
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