La Región
Hasta siempre, amigo Lupi
Los muros más impenetrables no se construyen con ladrillos, sino con el miedo a la opinión ajena. Estas barreras mentales, levantadas inconscientemente por la necesidad de encajar, bloquean la fluidez que exige una vida mental saludable. El eterno “¿qué pensarán los demás?” se convierte así en el auténtico muro de las lamentaciones para quienes, al llegar a la madurez y hacer balance, descubren el amargo sabor del arrepentimiento por no haber hecho lo que realmente deseaban. Cuánto tiempo perdido en conjeturas ajenas; cuánta energía desperdiciada por ignorar lo verdaderamente trascendente. Es lamentable que debamos esperar al ocaso de la existencia -cuando las fuerzas biológicas flaquean- para valorar, por fin, el mal uso que hicimos de nuestro potencial cognitivo, derrochado en cuestiones de tan poco calado.
Si hubiéramos aprovechado ese torrente de energía sin tantas trabas autoimpuestas, habríamos escalado mayores cimas en nuestra orografía mental con mucho menos esfuerzo. Esa habría sido la forma ideal de administrar nuestra capacidad. Si aprendemos a derribar esos muros a tiempo, los arrepentimientos al final del camino serán, sin duda, mucho menos y más livianos.
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte
(Albacete)
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