La Región
Los pacientes también merecemos respeto
Tiempo de olas y de calor. En el mar, surfearlas es un deporte que permite cabalgar sobre ellas con cierta elegancia, arrancando al verano instantes de alivio y diversión. En tierra firme, en cambio, también “surfeamos”, aunque sin épica ni aplausos: lo hacemos entre sábanas pegajosas, ventiladores resignados y madrugadas en vela.
Cada año, la misma marejada. Dormir con temperaturas tropicales se convierte en una prueba de resistencia doméstica que ni puntúa ni tiene patrocinadores. El calor no solo incomoda: agota, irrita y, en los casos más extremos, mata. Pero seguimos afrontándolo con la misma mezcla de costumbre y desidia.
Eso sí, uno no puede evitar cierta admiración al ver cómo, en los grandes eventos deportivos, los futbolistas disponen de chalecos refrigerantes, pausas estratégicas y todo tipo de cuidados para sobrellevar el calor. Una lástima que ese despliegue no llegue también a los dormitorios de a pie, donde el único “protocolo térmico” consiste en dar vueltas a la almohada buscando un lado menos caliente.
Así, avanzamos verano tras verano, como quien intenta resolver un sudoku imposible, confiando en que la próxima ola no sea peor que la anterior. Quizá el problema no sea solo el calor, sino nuestra peculiar capacidad para normalizarlo… siempre que no tengamos que jugar una final. Hasta la siguiente oleada. ¿Cuántas tendremos este año?
Pedro Marín Usón
(Zaragoza )
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