La Región
La pobreza en el dilema moral
“Sueñan las pulgas con comerse un perro/ y sueñan los nadies con salir de pobres,/ que algún mágico día/ llueva de pronto la buena suerte,/ que llueva a cántaros la buena suerte,/ pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,/ ni mañana ni nunca,/ ni en llovizna cae del cielo la buena suerte,/ por mucho que los nadies la llamen/ y aunque les pique la mano izquierda,/ o se levanten con el pie derecho,/ o empiecen el año cambiando de escoba”
(Eduardo Galeano, “Los nadies”).
La Asamblea General de la ONU en 26 de noviembre de 2007 declaró fijar el 20 de febrero de cada año el “Día Internacional de la Justicia Social”, con la finalidad de promover la igualdad de oportunidades, erradicar la pobreza y combatir la discriminación y exclusión social. Más que una fecha a celebrar, es un recordatorio de que, tanto a nivel personal como social, avanzamos muy lentamente o voces que se niegan a ello en cumplir tal objetivo de justicia social.
Adoleciendo como adolezco de cierta pobreza intelectual, como cultural, me ha llevado siempre a condenar la escasa empatía hacia al pobre por parte de esta sociedad, que se jacta de promover la igualdad de oportunidades entre todas las clases sociales, de sexos. Hemos avanzado, lamentablemente, en sentido contrario, alentando diversas fobias. Sobre ellas diserta Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, en su obra “Aporofobia, el rechazo al pobre” (Ed. Paidós, 2017). Aporta, novedosamente, un término la “aparofobia” como una fobia, cuando no odio hacia el pobre. No es una cuestión de xenofobia, racismo, homofobia, cristianofobia o islamofobia sino de excluir al pobre.
El reciente rechazo en el Congreso de los Diputados a la regularización de inmigrantes en nuestro país, siguiendo certeramente a Cortina, no estamos en un caso de xenofobia, sino de aporofobia. Acogemos con entusiasmo al turista, sea cual su color de piel, o a inversores, muchos de ellos de dudosa fortuna, pero que legalizamos su residencia, en cambio rechazamos a refugiados e inmigrantes por el hecho de ser pobres, que buscan trabajo. “Es el pobre que molesta, incluso el de la propia familia” (Cortina).
La aporofobia es un atentado contra la dignidad de las personas. Resolvamos, de una vez por todas, el dilema social que nos subyuga: si reconocemos la existencia, ¿por qué no actuamos para erradicarla? Vaya mi solidaridad con los “nadies”… “Los nadie: los hijos de nadie./ Los dueños de nada./ Los nadies, los ningunos, los ninguneados,/corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,/ rejodidos”… (Eduardo Galeano).
Abelardo Lorenzo (Ourense)
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