La Región
Asesinatos urbanos
Era un lunes sin huelga de médicos, pero la sala de espera de las distintas consultas rebosaba de gente por el traslado de citas. Un crisol de edades y actitudes, cargado de silencios pesados ante los retrasos sanitarios.
Predominaban los mayores, con rostros surcados por la preocupación. Enzarzados en una tertulia improvisada y dolida, culpaban a la gestión gubernamental por las huelgas mensuales de los médicos, la carestía de la vida que ahogaba la compra diaria, el combustible por las nubes y una nueva guerra. “No sé dónde vamos a ir a parar, hijo mío”, se lamentaban con voz temblorosa, entre cuchicheos que resonaban como un eco de días pasados, emitidos con el dolor de un paciente ciudadano.
En grupos más pequeños, los jóvenes aguardaban inmersos en sus móviles, ajenos a ese murmullo de angustia generacional. A fin de cuentas, tenían toda la vida por delante.
La sala de espera de Atención Primaria era un espejo roto de nuestra sociedad: la paciencia estoica de los ciudadanos ante un Estado de Bienestar que se desangra lentamente, recordándonos aquellos días pasados de mayor esperanza.
Pedro Marín Usón
(Zaragoza)
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