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Entre la exagerada demanda de penas a través de los ruidosos juicios paralelos, obsesionados con el pasillo de la infanta y la (quizás) exigua condena dictada por el tribunal habilitado para dictar la sentencia del caso Nóos, hay un largo camino, y de alguno de sus atajos creo que saldría un castigo más justo. En todo caso lo que le ha caído encima a la infanta y a su marido tampoco es moco de pavo. Cristina de Borbón no irá a la cárcel, pero la condena moral y el escarnio que carga en el equipaje seguro que son más pesados que cualquier pena que le hubieran podido imponer los jueces del caso.
Me parece que más relevante que la clemencia o el rigor con que los jueces hayan sentenciado es el hecho de que la única acusación particular contra la infanta la ejerciera un sindicato corrupto y extorsionador, el ultraderechista Manos Limpias, y que la Abogacía del Estado, en representación de la Agencia Tributaria no la acusara de ningún delito, cuando su papel tuvo que ser imprescindible para que su marido sableara copiosamente a dicha Agencia en particular y a todos nosotros en general. Así como lamentable la posición del Gobierno, volcado desde el inicio del caso en lavarse las manos y salvar a la infanta.
Además, la afrenta más grande nos la prorrateamos entre todos los españolitos de a pie, porque la Casa Real me temo que nunca nos dará una explicación clara de lo ocurrido, de cómo se dejaron parasitar por unos delincuentes que aprovecharon su nombre para saquear fondos públicos, y sobre todo, que reformas y medidas de control se han emprendido (si es que así ha sido) para que esto no vuelva a ocurrir.
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