La Región
La sociedad que nos roba el sueño
La reciente noticia sobre las crecientes amenazas a la salud del sueño nos recuerda una evidencia frecuentemente ignorada: dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica y un derecho de salud pública. El sueño es esencial para la salud física y mental, la memoria, el aprendizaje, el equilibrio emocional, la función inmunitaria y la seguridad en la vida cotidiana.
Vivimos, sin embargo, en una sociedad que parece haber declarado la guerra al descanso. El trabajo por turnos, la conectividad permanente, los mensajes fuera del horario laboral, las pantallas, el ruido, la contaminación lumínica y las noches cada vez más calurosas alteran nuestros ritmos naturales y reducen las oportunidades de recuperación.
No se trata solo de rendir menos al día siguiente. La privación o el deterioro crónico del sueño se asocia con problemas cardiovasculares, trastornos de salud mental y alteraciones respiratorias como la apnea del sueño. Además, quienes sufren precariedad, desplazamiento forzado o carecen de una vivienda estable pueden arrastrar trastornos del sueño durante años.
También conviene evitar el extremo contrario: convertir el descanso en una obsesión. La búsqueda de métricas “perfectas” mediante dispositivos y consejos virales puede generar ansiedad; la tecnología puede ayudar, pero no sustituye el criterio de los profesionales sanitarios ni la evidencia científica.
Por ello, es necesario que las instituciones públicas, empresas, centros educativos, profesionales sanitarios y urbanistas asuman su responsabilidad. Regular el trabajo y la desconexión digital, reducir el ruido y la luz artificial, garantizar viviendas saludables y formar especialistas en sueño son medidas tan necesarias como cualquier campaña de prevención. Proteger el sueño es proteger la salud, la seguridad y la dignidad de las personas. ¿No es acaso ese el objetivo de nuestra Carta Magna?
Pedro Marín Usón (Zaragoza)
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