La Región
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Que los hogares españoles recorten unos 400 euros al año en comida es algo que se nota en cualquier supermercado de barrio, no en la prensa económica. Las familias cambian marcas, prescinden de productos básicos o reparten lo poco que tienen; pero, en los informes oficiales, parece que solo se han dado un pequeño bajón en el consumo de yogures.
Mientras tanto, organizaciones como Cáritas se ven obligadas a multiplicar bancos de alimentos y comedores sociales, porque cada vez son más las familias que necesitan ayuda para llegar a fin de mes. Es curioso: en la tele se habla de “cesta de la compra”, pero en la calle lo que se ve son cestas cada vez más vacías.
Las encuestas del CIS siguen preguntando quién va a ganar las próximas elecciones, mientras se olvidan de preguntar qué hay en la nevera de la “familia tal” o de la “familia cual”. ¿De qué sirve saber quién va a mandar en el Congreso si no se ve que en muchas casas se discute si se puede comprar carne o solo pan? Visto desde aquí, la brecha entre la política de despacho y la vida real no se mide en porcentajes, sino en platos a medio llenar. Y, por si no hay un sondeo al respecto, la gente que vive en la calle ya tiene su propia encuesta: el día a día, con un: ¡Sálvese el que pueda! ¿La sociología mide ideología o la vida real de los ciudadanos?
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