Vivir con un pie en cada sitio

Publicado: 02 nov 2026 - 00:10
Cartas al director en La Región.
Cartas al director en La Región. | La Región

Marcharse implica mucho más que hacer una maleta y acostumbrarse a otras calles. Significa aprender nuevas rutinas, encontrar otros rincones favoritos y construir una vida lejos de aquello que hasta entonces nos había dado identidad. Al principio echamos de menos lo que dejamos atrás, nos ahogamos con la morriña; pero, poco a poco, lo nuevo empieza a resultarnos familiar. Eso hasta que un día regresamos y descubrimos que también hemos cambiado allí.

Las calles siguen siendo las mismas, las personas nos reciben con un cariño indescriptible y unas cuantas canas de más; y los recuerdos permanecen intactos. Sin embargo, hay algo que ya no encaja. Nos sorprendemos echando de menos cosas que antes ni siquiera valorábamos y sintiendo nostalgia de una vida que, aunque sigue existiendo, ya no es la nuestra.

Lo extraño es que tampoco terminamos de pertenecer al lugar al que nos hemos marchado. Allí somos quienes llegaron de fuera, quienes conservan sus costumbres, sus recuerdos y esa manera de pronunciar ciertas palabras que delata que vienen de otro sitio. Y así, casi sin darnos cuenta, acabamos viviendo con un pie en cada lugar y sintiéndonos de ninguno por completo.

Quizá crecer también consista en aceptar que hay lugares a los que siempre podremos volver, pero en los que ya no podremos ser exactamente quienes fuimos. Y que, aunque resulte extraño, también está bien. Irse implica aprender a vivir cargando con esta contradicción, y sabiendo que siempre va a haber algún sitio al que acudir cuando el peso sea demasiado. Ya sea el punto de partida inicial, o un nuevo comienzo.

Al fin y al cabo, ¿a dónde pertenece alguien que ha dejado un pedacito de sí mismo en cada lugar en el que ha vivido?

Paula Fernández Murias (Ourense)

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