Azul marino, celeste, eléctrico…

Publicado: 02 nov 2026 - 00:15
Opinión en La Región
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Es cuestión de gustos y de estilo. Cada uno tiene el suyo, el que lo tiene. El deporte entiende mucho de esto y también de colores. Lo que para unos es efectividad para otros puede ser racanería y lo que puede ser un dominio meritorio puede parecer un control de la posesión sin sentido para el de la silla de al lado.

Cuando lo que está en cuestión es algo tan matizable como “¿quién es el mejor jugador del mundo?”, entonces la gama cromática ya tiende a infinitivo. Empezando porque los argumentos pueden ser competitivos para unos y estéticos o individuales para otros. Todo vale en una votación que terminó con Harry Kane con el trofeo en la estantería de casa y dejar anclados a la silla a Kylian Mbappé y a Lamine Yama tras una tournée ante todos los micrófono posibles para rascar cuatro votos más.

Genera la duda de si su importancia compite con los resultados colectivos para futbolitas que son máquinas de generar dinero y capaces de añadir algún cero más si incrustan en su leyanda eso de “mejor jugador del mundo”.

El Balón de Oro se han ido convirtiendo en un anillo de poder que parece obsesionar a quien lo anhela y que intimida a quienes los rodean. Genera la duda de si su importancia compite con los resultados colectivos para futbolitas que son máquinas de generar dinero y capaces de añadir algún cero más si incrustan en su leyanda eso de “mejor jugador del mundo”.

España llegaba a la gala con un buen listado de aspirantes, pero se confirmó con la pedrea y aceptando que jugar bien y ganarlo todo no es suficiente ante los regates, los goles y el márketing. Cuestión de gustos.

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