Yo no acepto sus disculpas

Publicado: 10 may 2018 - 10:56

“¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: pues os jodéis!” (Carmen Martínez Castro, secretaria de Comunicación de Moncloa).

Permítame que me presente señora, aunque este tratamiento le quede tan grande como su sucia lengua. Soy un pensionista sumado en un cabreo supino, como aquellos que le pitaban a su jefe Mariano en Alicante. Si, perteneciente soy a ese pelotón yayoflauta, que lleva tiempo ya jodido, sin necesidad de que venga a usted a recordárnoslo.

Dice usted que era un comentario hecho en privado a un compañero de partido. No intente despistarme. Aunque sea privado traduce un pensamiento. Pensamiento que ha barruntado toda la política social del Gobierno actual. No hace mucho tiempo que su jefe nos brindó un auténtico corte de mangas a los pensionistas. A una declaración pública me refiero, cuando manifestó que no había dinero para incrementar las pensiones, y prometer ello sería una tomadura de pelo. Primer corte de mangas, y que se joda el personal jubilado.

Posteriormente, para poder seguir aferrados a poltrona gobernante, ustedes pactaron con los demás representantes políticos de la casta financiera, un incremento que no era más que poco pan para hoy y hambre para mañana. No nos satisfizo el que no se garantizara en el futuro un derecho que tenemos recogido en la Constitución, ese papel del que presumen ser custodios, y de cuyo uso hacen de su capa un sayo. Segundo corte de mangas, y no ya que nos jodamos, si no que también nuestros hijos, nuestros nietos.

No valen, pues, sus disculpas. Y no me valen, por cuanto no es solamente un comentario, sino que es el modo de obrar que usted y los suyos hacen en política. Su subsconsciente la ha delatado. En decir de Ran Hassin, un científico israelí, el subsconsciente puede llevar a cabo todos los procesos fundamentales y básicos que realiza la mente consciente. Fue consciente de lo que dijo, y ni siquiera hizo acto de contrición. Al menos, pudo emular al Borbón Campechano, siendo, como usted y los suyos proclaman, de fe monárquica.

Únicamente podría yo aceptar sus disculpas siempre y cuando, tras pedirlas, usted abandonase el cargo político que ostenta. Un cargo que nos cuesta a los españoles, entre los cuales los pensionistas somos mayoría, más de cien mil euros anuales. Aunque solamente por percibir lo que usted cobra, debería no faltarnos al respeto debido. Créame que a su salida, yo no le dedicaría corte de mangas de cojones alguno, ni pediría que se jodiese. De mis progenitores he recibido lecciones de urbanidad, de las que usted carece.

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