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Los primeros magostos de la temporada arrancan sin las restricciones de la pandemia, pero tampoco pueden celebrarse por todo lo alto por la mala campaña de su protagonista en la mesa: la crisis en la producción de castaña se materializó ayer en la popular celebración, que siguió adelante pese a la escasa producción de su principal ingrediente gastronómico. “Las castañas que tenemos este año son muy pequeñas, muy caras e insuficientes”, señaló Delmiro González, presidente de la asociación vecinal de Vilar de Astrés. Así, en esta parroquia, el asado tradicional se convirtió ayer en una degustación. “Son pocas y tuvimos que apretar mucho el bolsillo”, dijo. Además, González indicó que pese a los más de 400 asistentes a la fiesta, “este año hay muchas ausencias; durante el tiempo que no se celebró el magosto, murieron muchos vecinos mayores de la parroquia”. Con todo, la ilusión no faltó. Unas pocas castañas y más de 200 kilos de churrasco, chorizo y empanadas se sumaron a la actuación de una orquesta, que hizo bailar a los vecinos. Además, pudieron estrenar un reformado local social, en el que se invirtieron 51.000 euros para hacerlo más accesible.
En San Cibrao das Viñas también tuvieron su propia celebración. Asaron 15 kilos de castañas, 40 kilos churrusco y 20 kilos de chorizo para los 160 asistentes. En el primer caso, “costó conseguirlas, pero finalmente pudimos hacerlo”, celebraron desde la asociación. Un vecino tocó su acordeón y a las 19,30 horas acudió una charanga que continuó dando ritmo a la fiesta.
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