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Las obras de la Praza de Abastos retomaron la actividad tras el parón del coronavirus, a la espera del juicio que permita desalojar a los okupas de los edificios anexos al principal. El proyecto de reforma integral arrancó a inicios de marzo, tras sucesivos problemas, retardos y bloqueos de la burocracia municipal, pero a falta de una orden judicial de desalojo, la constructora no puede derruir los puestos habitados. Ahora, la crisis sanitaria provocó un parón en la actividad de los juzgados, lo que aplazó las declaraciones de los okupas, marcadas para el pasado 26 de marzo y todavía sin nueva fecha.
A la espera de la resolución judicial que resuelva el conflicto, los operarios trabajan en el entorno –los puestos anexos al puente ya han sido derruidos, así como la zona inferior– y en el interior del edificio, pero el ritmo de la obra se ha visto ralentizado. La concejala de Urbanismo, Sonia Ogando, solicitó al inicio de la crisis sanitaria medidas cautelares en el proceso judicial para mover a los okupas a otro espacio, pero fueron denegadas por el juez. "Cuando empezó el estado de alarma y teníamos que estar confinados, yo le pedí al juez que me ayudase a enviarlos a otro sitio, en el que estuvieran protegidos, porque es un peligro. No tienen agua, tienen que salir a buscarla; no tienen luz, no son condiciones salubres. El juez denegó la medida y yo recurrí, y estoy a la espera de que me responda", explica la edil, que reconoce la preocupación por la situación y por la integridad física de los okupas.
Desde la Concejalía de Asuntos Sociales les propusieron en varias ocasiones la opción de mudarse al albergue municipal, pero la declinaron. "Ahora mismo podrían estar en el albergue, hemos habilitado varios espacios para dar respuesta a la gente en situación de calle, pero no quieren", apunta Ogando.
Los placeros, que ya han lidiado con múltiples retrasos de las obras, esperan que la vista se celebre cuanto antes, para poder regresar al edificio original. "Muchos de los okupas ya se marcharon cuando empezaron las obras, pero algunos todavía continúan. Nosotros tenemos personal en la zona las 24 horas, por si hay cualquier altercado", explica Alberto González, gerente de la Praza de Abastos. "Al principio hubo bastantes problemas: si no rompían una cosa rompían otra... Desde el inicio del estado de alarma no ha habido incidentes", añade. Varios de los comerciantes de la zona del rianxo se han quejado en numerosas ocasiones de que sufrían desperfectos casi de forma diaria en sus puestos y de que en la zona ha habido robos en vehículos aparcados. Además, los placeros señalan el peligro de acudir a primera hora de la mañana. "Nos ocupamos de que haya luz para evitar problemas", apunta González.
Los primeros okupas llegaron a la zona hace poco más de año y medio, aunque en la actualidad permanecen cuatro personas. Desde su llegada, los placeros reclamaron la intervención del gobierno local para evitar destrozos y robos en la zona. Alejandro Cordobés es uno de los que continúa en los puestos, donde pernocta con su mujer. "Aquí vivimos dos parejas, pero por la noche viene más gente, se meten en los puestos de ahí, se drogan... Ellos son los que causan problemas", asegura. Para acceder al puesto que okupan, los operarios habilitaron una puerta y un pequeño pasillo, rodeados por una valla metálica. La zona está rodeada de escombros de la obra y de la maquinaria de la constructora. "Al segundo día de que empezasen las obras hice que parasen y que nos pusiesen un pasillo, yo tengo que poder llegar a mi casa, qué voy a hacer. Vivir en estas condiciones no es salubre", reconoce.
Los okupas son conscientes de la situación límite en la que viven, pero aseguran que no abandonarán la Praza hasta que no llegue la correspondiente orden judicial de desalojo. "Nosotros somos gente respetuosa, ni robamos ni hacemos nada malo, no hemos tenido problemas con los placeros, nos llevamos bien. Nosotros pedimos para tener dinero para poder comer", asegura Cordobés. La opción de mudarse al albergue no les convence: "¿Para qué? ¿Para tener que irnos en tres días?", y reclaman la colaboración de las instituciones para cambiar su situación. "Pedimos que nos dejen un piso mientras conseguimos trabajo o una forma de pagarlo, no podemos estar en un albergue. Aquí nos tienen abandonados, pero vamos a resistir, hasta que nos echen", explica. Mientras, continúan utilizando los puestos de la Praza de Abastos para pernoctar, además de guardar algunas de sus pertenencias. Al otro lado de la valla, los operarios trabajan desde primera hora de la mañana.
El conflicto con los okupas de la Plaza de Abastos ha ralentizado las obras. "La empresa constructora no puede trabajar a la misma velocidad en estas condiciones, está claro. Lo han hecho muy bien adaptando ese pasillo a la situación, pero no pueden hacer su trabajo igual", explica Sonia Ogando, concejala de Urbanismo. El plazo fijado de ejecución de las obras es de un máximo de 18 meses, por lo que la reforma integral del edificio deberá terminar en el verano de 2021.
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