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Precios al alcance de todos los bolsillos. Así definen los vendedores la clásica feria de Ourense que -como cada día 7 de mes- se sitúa en el parque del Barbaña para disfrute de todos los amantes del famoso “bueno, bonito y barato”.
Con las fiestas navideñas todavía rozando los talones de los ourensanos, el martes se estrenó como la primera feria del año. Una jornada marcada por la lluvia y por el inicio de las rebajas, que influyeron inevitablemente en el ambiente, tal y como lo confirmó María Teresa, justo al lado del puesto en el que vende zapatillas. “Hoy está flojita por el tiempo y también porque al empezar las rebajas la gente se va al comercio. Nosotros con rebajas ya estamos todo el año”, aseguró. Dos condicionantes que no fueron los únicos señalados por los feriantes como motivo de desazón, sino la caída general de ventas que les lleva afectando desde la pandemia. Alejandra, que acude puntualmente a la feria con su puesto de bisutería, reconocía las malas ventas: “Para ser la primera feria del año está yendo fatal. Tenemos precios muy baratos y aun así hemos vendido muy poca cosa”. Para Ofelia, que también vende bisutería, “a estas alturas en otros tiempos estaríamos repletos”, mientras que lo que se encuentra delante de su puesto es un hueco generado por la falta de clientes. Aunque los que hay -eso sí- “son de confianza”.
Clientes habituales y de toda la vida como Ángeles, que siempre acude a por productos concretos: “Yo siempre vengo a por joyas, zapatillas y pijamas. Las zapatillas si me duran un mes, pues al siguiente me compro otras y luzco otro modelo, porque cuestan solo 5 euros. Tengo anillos y cadenas de aquí de hace años que están como la primera vez”.
También asidua es Isabel, que asegura que -aunque no compre nada- “a la feria se viene igual”. El interés por las compras deja su espacio al mercadillo como punto de encuentro ya tradicional: “Me gusta venir, pasear… Me cruzo con gente conocida y es una excusa para moverme. Ahora se hacen largos los días y así aprovechamos para desconectar un poquito”.
El gasto de las épocas festivas y la temporada de rebajas parecen haber dejado un espacio al ahorro, que se reflejó en una feria “más vacía de lo habitual”. Pero vendedores como Manuel, que lleva años vendiendo, hay espacio para el optimismo: “Aquí a Ourense viene gente de muchos lugares y es un mercadillo que atrae. No se puede tener pretensiones después de las navidades, pero esperaremos e irá para delante como siempre”.
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