LOS LIBROS QUE LEO
Del amor, los mitos y otras relecturas en la obra de Gustavo Martín Garzo
LOS LIBROS QUE LEO
Si algo consiguen los libros escritos con honestidad y acierto, es crear siempre una nueva versión de la sorpresa incluso a aquellos lectores amurallados en el recinto de sus propias bibliotecas. Ese sentido de la novedad es aún mayor si el discurso se apoya en mitos o historias ampliamente difundidos.
"Un paraíso de escombros" de Gustavo Martín Garzo cristaliza esa visión de lo nuevo seductor creado a partir de un sitio o de una imagen que desde fuera podría parecer agotada. Con una escritura despojada de artificios y un tono donde la aparente sencillez es un mecanismo de juego estético, Martín Garzo ha logrado reescribir grandes mitos de la antigüedad griega. Creo que entre los tantos aciertos estilísticos y poéticos de este conjunto de catorce relatos, está la reescritura de lo mitológico a partir de una estrategia literaria que consiste en trabajar con las zonas de silencio o grandes vacíos que esas propias historias milenarias contienen en sí.
Esa amplificación de lo no dicho en el relato clásico, esa conversión de lo aparentemente insulso en un elemento revelador, hacen que “Un paraíso de escombros” se convierta en una guía moderna para comprender las verdades complejas que viven en las entrañas de toda cosmogonía o relato fundacional. Martín Garzo logra aquí captar incluso la atención de esos jóvenes que podrían huir de la mitología por considerarla densa e intrincada. Los mitos de Nausica, Penélope, Briseida, Acteón, Medea, y Orfeo, entre otros de gran belleza y ritmo narrativo, aparecen aquí con unos tintes subversivos y provocadores, con una clara y a la vez no manifiesta vocación psicoanalítica.
En Atalanta, el autor nos sumerge en la historia de una niña abandonada por su padre en Beocia, que se cría con una osa a quien tiene por madre hasta que conoce el amor de Zoe, una alfarera que vive en lo profundo del bosque. Luego en Pasifae, con unos tintes eróticos entre el desenfreno y la ternura, nos narra la historia de la reina de Creta, obsesionada con una exploración del sexo harto transgresora, consigue que el arquitecto e inventor Dédalo construya para ella la réplica de una vaca dentro de la cual se esconde con tal de ser montada por un toro que merodea la costa. De ese acto nace Asterión, el bebé con cabeza de ternero llamado a convertirse en el Minotauro, a quién, para contener, habrá que construir el laberinto, esa metáfora de la propia condición humana y del destino.
“Un paraíso de escombros”, es uno de los libros más reveladores y sutiles que he leído en el transcurso de este año. Su autor, sin pretensiones ni camisas de fuerza ha logrado imbricar en un mismo discurso, el amor, las contradicciones de lo simbólico y lo subliminal, pero también un llamado de atención sobre la necesidad del pensamiento crítico y la urgencia de conocernos a nosotros mismos, tal vez como a ese enemigo cordial con quien solemos llevarnos demasiado bien.
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