"Cartas a un joven poeta" para una búsqueda de la paz interior

LOS LIBROS QUE LEO

"Cartas a un joven poeta" es uno de los epistolarios más leídos del siglo XX, con un ejercicio de reflexión artístico-filosófico refinado y a la vez asertivo.

Cubierta de "Cartas a un jóven poeta"
Cubierta de "Cartas a un jóven poeta" | La Región

No soy de aniversarios cerrados, pero admito que funcionan como un útil recordatorio. Por ejemplo, en este 2026 se cumplirá el primer siglo de la muerte de Rainer María Rilke, el poeta que no solo reveló un nuevo rostro de la Poesía, sino que inauguró una sensibilidad nueva. Sus versos, una celebración del misterio del ser y una búsqueda de la paz interior, se tornan tal vez más necesarios hoy que en su momento de aparición.

Son una invitación a vivir una vida inmersa en significados profundos y una llamada a dos grandes lujos de nuestro tiempo: la contemplación y el silencio.

Pero hoy no vengo a hablaros puntualmente de sus versos. Hoy vengo a hablaros de un libro que es, involuntariamente, rilkeano: “Cartas a un joven poeta”. Publicado originalmente en 1929 por Franz Xavier Kappus, el libro contiene diez cartas que toda persona sensible debería leer. No son preceptiva literaria; son una invitación a vivir una vida inmersa en significados profundos y una llamada a dos grandes lujos de nuestro tiempo: la contemplación y el silencio.

Confieso que este no es un libro que leo, sino un libro que releo veinte años después. Al igual que yo soy otro, las cartas rilkeanas también. Rilke, que entonces contaba tan solo 27 años, se atreve a aconsejar a Kappus, un aspirante a poeta. Lo que el joven recibe no es una crítica de la métrica, sino una lección contra los peligros de la urgencia y las tentaciones del ego; un llamado a vivir con autenticidad. “No se impaciente por las cosas que aún no han sido resueltas en su corazón, aprenda a amar las preguntas por sí mismas... crea que la vida siempre tiene la razón”, le dice Rilke al aprendiz en 1903.

Estas diez cartas son textos de una extraña vibración, para mí comparables con piezas de Bach o Mozart. Son música verbal. Un tratado delicadísimo sobre el amor, el sexo y la importancia de hallar una vocación que nos justifique; un credo propio que nos expanda hacia los demás como un río.

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