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LOS LIBROS QUE LEO
A veces, útil no es tanto el libro que nos revela cosas que desconocíamos, sino aquel que viene a confirmarnos eso que ya teníamos incorporado, pero de un modo borroso e impreciso. Es la delicia que he experimentado recientemente con un ensayo corto y ameno, como pocas veces suelen ser los buenos ensayos.
“Clásicos para la vida” (Acantilado, 2017), de Nuccio Ordine, tiene esa elegancia de quien nos invita a un buen vino mientras nos explica por qué estamos perdiendo el norte. No es un manual de literatura al uso ni una lista de deberes para que parezcamos más cultos en las cenas de Navidad. Es, llanamente, un manifiesto de resistencia contra la dictadura de lo útil y la mercantilización de nuestro tiempo.
El primer gran mito que Ordine se carga con un mazo de filólogo experto es el de la utilidad inmediata. Vivimos en una época donde, si algo no nos genera “créditos”, no llena nuestra cuenta corriente o no nos ofrece una salida laboral directa, parece que no existe. A los jóvenes les preguntamos qué quieren hacer antes de preguntarles quiénes quieren ser.
Ordine nos dice que no debemos leer a los clásicos para aprobar exámenes. Si leemos a Dante para sacar un diez, nos estamos haciendo trampas al solitario. Los clásicos nos sirven precisamente porque “no sirven” para nada que se pueda comprar o vender. Sirven para cimentar nuestra conciencia crítica, para que seamos “herejes” en un mundo de pollos de engorde criados en el conformismo más ramplón.
Lo que hace que esta “pequeña biblioteca ideal” sea tan fresca es que Ordine no separa el libro de nuestra piel. Nos cuenta que un verso de Cavafis o una página de Montaigne son herramientas de supervivencia. La educación, para el autor, no es que acumulemos datos como quien llena un disco duro, sino un proceso de metamorfosis personal.
Frente al mito de que las tablets van a salvar la educación, Ordine nos recuerda que lo único que salva a un alumno es un buen profesor. Alguien que, como Louis Germain hizo con el pequeño Albert Camus, nos tienda una mano afectuosa y nos abra la puerta de los libros. Eso no lo hace un algoritmo; lo hace la pasión por el saber.
Leer a los clásicos es, en realidad, entablar una conversación con los muertos para entendernos a nosotros mismos.
Otro de los falsos mitos que Ordine barre es el de que los clásicos son aburridos o pertenecen al pasado. El autor nos demuestra que Shakespeare nos habla de nuestra usura actual, que Boccaccio nos da lecciones de tolerancia religiosa necesarias hoy y que Cervantes sabía perfectamente que, al final, la muerte nos quita a todos el disfraz. Leer a los clásicos es, en realidad, entablar una conversación con los muertos para entendernos a nosotros mismos.
“Clásicos para la vida” es un elogio de la lentitud. En un mundo que nos exige ser rápidos en todo, Ordine reclama el arte de la filología: leer despacio, permitiendo que el texto nos transforme. Porque el saber es una “conquista fatigosa”, y no algo que descarguemos con un clic.
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