Julia Gebhard, en Ourense: "Es el Chile que yo conozco, sin tapujos, sin buenos ni malos"

FICCIÓN LITERARIA

Nacida en Temuco, Chile, en 1977, pero radicada en Ourense desde hace años, Julia Gebhard presenta su primera novela, “Amarga”, una obra que explora la dimensión instintiva y social de la psicología femenina.

Julia Gebhard durante la promoción de “Amarga”, su primera novela.
Julia Gebhard durante la promoción de “Amarga”, su primera novela. | La Región

Pregunta. Usted nació en Temuco, Chile. ¿Siente que ese paisaje sigue vivo en su escritura?

Respuesta. Coincidentemente Neruda vivió mucho tiempo ahí y escribió gran parte de sus primeros poemas en Puerto Saavedra. Yo creo que la niñez te marca para siempre; son las primeras emociones. Aunque lleve muchos años en España, ese origen siempre sale. Los escritores latinoamericanos somos muy de imágenes, muy visuales, y tenemos esa gota de realismo mágico que aflora sin que uno lo busque.

P. ¿Cómo nace Daniela, la protagonista de “Amarga”?

R. Daniela es una mujer esforzada que vive en Santiago con una buena posición económica, hasta que la estabilidad se rompe. La novela tiene una voz muy fuerte; ella es honesta, deslenguada y sarcástica. El título viene de ahí, de su voz y de la convicción de que la vida tiene tramos que son totalmente amargos y están en el camino de cualquiera.

P. En su novela usted explora el tema de la infidelidad, un tema que puede resultar incómodo…

R. Es un tema mucho más tabú de lo que creemos a día de hoy. A un hombre se le justifica, se dice que “estaba pasando una mala racha”. Pero a la mujer se la lapida porque todavía carga con esa visión inmaculada de la madre. Una mujer se lo piensa tres veces antes de contárselo incluso a una amiga. Me interesaba explorar ese momento en que te involucras emocionalmente con otra persona y te das cuenta de que has llegado demasiado lejos.

P. Usted retrata un Chile muy clasista en su obra. ¿Cómo funcionan esos mecanismos sociales?

R. Es que en Chile todavía te preguntan en qué colegio estudiaste para saber a qué “clan” perteneces. Es un espanto; hay que ponerlo hasta en el currículum. Es una sociedad muy cerrada donde el apellido extranjero o el color de piel todavía pesan más que la capacidad. En la novela saco a relucir ese ambiente cavernario y también el tema político para que se entienda; es el Chile que yo conozco, sin tapujos, ni buenos ni malos.

P. Hablemos de sus referentes literarios…

R. Alejandro Zambra me explotó la cabeza. Con él descubrí que no hay que tener temor, que no hay normas. También me han marcado Delphine de Vigan, Yasmina Reza y, por supuesto, Coetzee. Yo todavía siento un poco el síndrome del impostor, pero soy una lectora voraz desde siempre. Mi editor dice que es raro encontrar a una mujer que escriba de forma tan ácida e irónica sin que parezca forzado, y eso me gusta: tirarme a la piscina sin simulacros.

P. ¿Tiene usted algún ritual a la hora de enfrentarse a la página en blanco?

R. Más que embrujos, necesito estructura. No soy de las que escriben a lo loco. Primero apilo frases que apunto en el móvil o en libretas -¡porque si una frase buena se te escapa es para matarse!- y luego armo un esqueleto por capítulos. Necesito ese armazón, esa arquitectura, porque le tengo mucho respeto a la historia. Escribo cuando ya lo tengo súper pensado, preferiblemente sola.

P. ¿Qué espera que sienta el lector cuando cierre la última página de “Amarga”?

R. Espero que el lector se identifique con esa pregunta ucrónica que todos nos hemos hecho alguna vez: “¿Qué hubiese pasado si hubiese tomado otro camino?”. Es una duda natural que todos tenemos, ya sea en lo laboral o en lo emocional, y quería retratar la vida así, tal cual es.

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