Carlo Petrini, un luchador contra la comida basura y fundador de “Slow Food”

OBITUARIO

Carlo Petrini impulsó proyectos como el Arca del Gusto, una catálogo mundial de alimentos en vías de desaparición

Carlo Petrini
Carlo Petrini | La Región

Carlo Petrini, fundador del movimiento “Slow Food” y uno de los pensadores más influyentes de la gastronomía contemporánea, falleció a los 76 años en Bra, la pequeña ciudad piamontesa donde nació y desde la que lanzó una revolución cultural que acabaría extendiéndose por todo el mundo.

Petrini nació en 1949 en una familia humilde del Piamonte, una región donde la cocina no era un lujo, sino una forma de identidad. Creció entre mercados locales, vendimias, queserías artesanas y un paisaje agrícola que marcaría para siempre su manera de entender el mundo. Aunque sus padres lo orientaron hacia estudios técnicos, él se inclinó pronto hacia la sociología, la cultura y el activismo. En la Universidad de Trento se empapó de debates políticos y sociales, pero abandonó la carrera a falta de pocos exámenes para abrir una pequeña tienda de comestibles en Bra. .

El germen de una idea que cambiaría la relación del mundo con la comida.

En los años setenta se movió en el mundo del periodismo gastronómico y de la crítica enológica. Escribió para revistas especializadas, participó en tertulias culturales y ayudó a fundar publicaciones que hoy forman parte de la historia de la gastronomía italiana. Pero su nombre empezó a resonar más allá de su región en 1986, cuando encabezó la protesta contra la apertura de un restaurante de comida rápida en la Plaza de España de Roma. Aquella movilización, que muchos consideraron una excentricidad, fue en realidad el germen de una idea que cambiaría la relación del mundo con la comida.

Petrini defendía que la comida debía ser buena, limpia y justa

De esa protesta nació “Slow Food”, primero como una asociación cultural y después como un movimiento internacional. Petrini defendía que la comida debía ser buena, limpia y justa. Buena, porque debía respetar el placer y la calidad; limpia, porque debía producirse sin destruir el medio ambiente; justa, porque debía garantizar condiciones dignas para quienes trabajan la tierra. Su mensaje, sencillo y radical a la vez, conectó con agricultores, cocineros, activistas, académicos y consumidores de todo el planeta.

Bajo su liderazgo, “Slow Food” se expandió hasta alcanzar más de 150 países. Surgieron miles de convivium, comunidades locales dedicadas a proteger productos tradicionales, técnicas artesanales y paisajes agrícolas amenazados. Petrini impulsó proyectos como el Arca del Gusto, un catálogo mundial de alimentos en riesgo de desaparición, y los Baluartes, iniciativas de apoyo directo a productores que mantienen vivas variedades autóctonas o métodos sostenibles. Su visión trascendía la gastronomía: era una defensa de la biodiversidad, de la justicia social y de la soberanía alimentaria.

En 2004 fundó la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo

Universidad gastronómica

En 2004 fundó la Universidad de Ciencias Gastronómicas de Pollenzo, la primera institución académica del mundo dedicada a estudiar la alimentación desde una perspectiva integral. Allí se formaron generaciones de profesionales que hoy trabajan en ámbitos tan diversos como la investigación, la restauración, la agricultura ecológica o las políticas públicas. La universidad se convirtió en un símbolo de su pensamiento: la comida no era solo un placer, sino un campo de estudio capaz de explicar la economía, la cultura, la ecología y la historia.

Sin embargo, nunca abandonó Bra. Desde allí dirigió “Slow Food”, recibió a visitantes de todo el mundo

Petrini fue también un escritor prolífico y su influencia llegó a instituciones internacionales, desde la FAO hasta la Unión Europea. Fue asesor, conferenciante, interlocutor de líderes políticos y religiosos, y figura de referencia para chefs de renombre que encontraron en él una brújula ética. Sin embargo, nunca abandonó Bra. Desde allí dirigió “Slow Food”, recibió a visitantes de todo el mundo que se acercaban a conocer sus ideas y mantuvo un contacto directo con los productores que inspiraban su trabajo. Su casa, su ciudad y su territorio fueron siempre el centro de su vida.

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